26.3.16

La maldad intrínseca al corazón humano


Aunque yo sigo teniendo esperanza en el género humano, reconozco que cada vez me cuesta más ver esa bondad que en el fondo de toda persona habita, y no ese mal arraigado en el corazón de una gran mayoría de seres humanos.

Este tiempo de Semana Santa (independientemente de que seamos creyentes o no) es la oportunidad perfecta para reflexionar sobre ello y quizá poder entender cómo es que aquéllos, que en el Domingo de Ramos y en su entrada a Jerusalén proclamaban enérgicamente "¡gloria a Dios!" al ver a Jesús entrar en la ciudad a lomos de un asno, pocos días después gritarían, entre la masa enfervorizada de gente, con todo su odio "¡crucifícalo!".




Creo que esa contradicción no está muy lejos de los actos de grandes personas, eminentes científicos de gran inteligencia e indudable talento como Albert Einstein o Wernher von Braun, los cuales, sin embargo, el primero promovió y apoyó el desarrollo del arma mas destructiva jamás conocida por el hombre (la bomba atómica) y el segundo, al mismo tiempo que nos llevaba a la Luna fue capaz de desarrollar los mortíferos cohetes que tantas víctimas y tanta masacre produjeron sobre Londres, trabajando para los nazis con mano de obra esclava.

Es muy cierto que muchos podrían excusarse y aducir: "estábamos en guerra", pero ¿sirve eso de razonamiento para poder realizar tanto daño? ¿No hay otra opción, o es simplemente responder a las circunstancias gritando como gritan los demás "aleluya" un día, y al siguiente "crucifícalo"?


Esa contradicción, esa capacidad de ir a un extremo y al otro con tanta facilidad y sin remordimiento ni recapacitación alguna, es lo que me intriga y lo que me lleva a pensar que, a pesar de todo, el hombre aunque individualmente pueda ser capaz de grandes logros, cuando se une con la masa de gente puede quedarse sin sentimiento y sin conciencia alguna.

O, como reza el refrán, "¿a dónde vas, Vicente? Donde va la gente".


Una muestra palpable y muy gráfica de ello la encontramos curiosamente en la actualidad de estos días. Microsoft, con toda su "inocente voluntad" (entre comillas), decidió desarrollar un bot de simulación de inteligencia artificial, y dejarlo en manos de la gente en la red social de Twitter. La intención es que la inteligencia de ese bot (llamado con el femenino nombre de Tai, aunque los bots, de momento, no tienen sexo, como es obvio) se desarrollase con la ayuda de todos los usuarios. Es decir: el bot iría aprendiendo a medida que toda la gente con la que se relacionase aportase su granito de arena y lo fueran enriqueciendo tanto en vocabulario, como en expresiones.

Microsoft hace pocas horas anunció que lo retiraba y que volvían a replantearse el código. ¿La razón? El bot se había vuelto obsceno, xenófobo y racista. Respondía con insultos, defendía el genocidio nazi y estaba firmemente en contra del abolicionismo de la esclavitud y contra la raza negra. Pero, ¿qué había ocurrido? ¿Cómo había acontecido algo así? La respuesta es sencilla: cada uno de los que interactuaba con el bot, la mayoría, solamente intercambiaba diálogos de ese tipo. El bot acabó aprendiendo lo que le habían enseñado. Lo que la mayoría de personas le estaban inculcando.


Tras el anuncio de la retirada del bot no fueron pocas las personas que alzaron la voz y le pidieron a Microsoft que lo dejase, que permitiera al bot evolucionar a ver en qué derivaba todo aquello. Microsoft, a mi modesto entender acertadamente, no les hizo caso y lo retiró, porque, ¿en qué iba a derivar? Pues en que cada vez los insultos fueran a mayores, y el reflejo de la bestia que todos los que se relacionaron con él llevaban dentro aflorase en proporciones gigantescas.

Microsoft está estudiando ahora una nueva versión "descafeinada", que no tenga en cuenta ese tipo de comentarios o corrientes de pensamiento. O, dicho de otra forma, una versión "censurada". Una versión limitando "el libre albedrío" del robot.


Películas como Ex Machina nos anticiparon algo así en la ficción. El robot (en este caso ginoide) creado por uno de los protagonistas acabó siendo un asesino.

Solo hace falta detenerse en un quiosco y ver las publicaciones de éxito, lo que la gente compra: trunfan en los escaparates revistas de armas, de violencia, de rock sangriento y de envidias y celos llamadas con el rimpompante nombre de "prensa rosa" ("prensa sosa" les llamo yo).


Si ponemos la televisión la cosa no mejora demasiado: series y documentales donde se rinde culto con total descaro al dinero ("empeños a lo bestia", "pasapalabra", "la ruleta de la fortuna"...), donde el rey y "el dios" es el dinero y donde todo gira en torno a él, cuando no películas de violencia, asesinatos y series dedicadas al fraude y a los engaños en masa seguidas por millones de fieles televidentes.

Todo gira en torno a eso, y los medios de comunicación con noticias diferentes, con reflexiones,f ilosofía o pensamientos críticos y sociales, malviven con unos pocos suscriptores y son enormemente difíciles de encontrar.


No hace mucho intercambiaba opiniones con un autor que publica también sus libros en Amazon. Él escribía de romances, historias -como las mías- de autosuperación, de compromiso y de humanidad. Pero me confesó que tuvo que dejar de hacerlo porque se dio cuenta que lo único que la gente le adquiría eran libros, novelas y, sobre todo, manuales, en donde describía o contaba historias de robos, fraudes, delitos y genocidios. Me confesaba que si hubiera continuando publicando sus otros libros hacía mucho tiempo que tendría que haber ido a la calle a mendigar. Pero no hace falta que nos lo diga nadie, nosotros mismos vemos las series que triunfan en la televisión: series de investigación criminalística, de zombies o de crueldad extrema. Series en donde tu vida cuesta menos que unas zapatillas. Claro que todos queremos vernos reflejados en su protagonista de turno, el guapo, rico o superhéroe. Pocos queremos vernos en el espejo y averiguar si no nos estamos decantando más bien por el papel de villano, verdugo o sicario.

¿Qué podemos esperar, entonces? Luego nos asusta cuando esos mismos costaleros, que durante estos días llevan a hombros la imagen del Cristo crucificado, cuando pase esta semana y se vuelvan a convertir en jefes, gerentes o directivos, no dudarán en acribillar a sus subordinados, en crucificar a sus empleados condenándoles al paro o abusando de ellos amenazándoles con echarlos a la calle o recortarles sus derechos.


Algunos que pasean con ese aire de devoción, cubierta la cara por sudarios y sus cuerpos por pomposas túnicas, dirán luego que ellos no habrían matado a Jesús, pero matan a miles de cristos cada día con sus actos y acciones. Es fácil hablar a toro pasado, cuando se sabe el futuro y se conoce la historia. Lo difícil, la auténtica virtud, reside en ver a Cristo ahora, en las calles y a diario cerca de nosotros. Pero lo ignoramos diciendo: "¡si este es el hijo del carpintero!", y con ese pensamiento nos acusamos a nosotros mismos, dejando ver que no haríamos nada diferente a lo que hicieron los judíos con el Mesías y que no somos, a fin de cuentas, muy diferentes a ellos. A pesar de todos los dos mil años que han pasado de todo aquello.

Los mismos que esta semana aplaudían a Jesús entrando por las puertas de Jerusalén, mañana serán los primeros en coger el martillo para clavarlo en la cruz. Y entre ellos estamos tú, y yo. Que el Señor se apiade de nosotros, porque somos tan inconscientes y malvados que ni sabemos lo que estamos haciendo.

| Redacción: Bianamaran

2 comentarios :

  1. ¿Puede vencerse al mal con mal? Yo creo que no, y la historia así lo demuestra: hacer el mal solo trae consigo mas daño. Pero hay gente que parece seguir empeñada en mostrar que sí es posible.

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  2. La hipocresía es patrimonio de la humanidad y no los monumentos que pueden desaparecer de la noche a la mañana, la hipocresía humana es perdurable en el tiempo, eso lo explica todo


    La maldad empieza con la negación y la separación progresiva de Dios, a partir de aquí la persona no es más que un ente de carne y hueso en la búsqueda de satisfacer su interminable e insaciable Ego y su cuerpo y que justifican sus acciones en base a no se que progreso científico moderno de quita y pon y a nuevas ideas absurdas y banales, por eso vemos a tanta gente actuar por simpatía, hoy en día se quiere normalizar la debilidad ética y moral para favorecer la maldad, solo hay que ver los medios de comunicación, las películas, la música…


    Menos mal que todavía queda gente en el mundo comprometida, con valores espirituales y con la suficiente fuerza como para anular a los pobres de espíritu que no quieren decir nada.

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