26.6.17

Salir -sin dinero- por ahí


La gente se extraña cuando les digo que siempre voy sin dinero, pero es verdad. Desde muy pequeño me acostumbré a salir sin un centavo, primero porque simplemente no tenía ni una mísera moneda, y luego porque me causaba una sensación horrible llevar dinero conmigo. Resulta curioso que en mis cuarenta y tantos años nunca necesité recurrir al dinero cuando salía, y siempre me las arreglé, de una u otra manera, sin nada.

Las únicas veces que lo necesité es cuando me encontraba con antiguos compañeros de trabajo (o profesores) y me animaban a ir a tomar algo en algún bar para rememorar tiempos pasados. Ahí me encontraba ciertamente en apuros, y hablo en pasado porque actualmente ya directamente les digo -por si aún no lo saben- que no entro a bares. Si les dices que no llevas dinero -lo cual es verdad- no se por qué todo el mundo piensa que lo que no quieres es pagar (como si me volviese más pobre por tomar un café...), y casi les obligas a tener que invitarte, con lo cual te sientes más comprometido todavía.




Es cierto que cuando sales sin dinero tienes que cambiar ciertos hábitos, quizá los gastos que para algunas personas son imprescindibles (ir al bar de la esquina a tomar la consumición de la tarde, o al kiosko a comprar el periódico del día...) para mí son superfluos.

Otro tanto ocurre con el transporte público. No vivo en una de esas grandes urbes europeas, pero si por algo es famosa mi ciudad es por sus cuestas empinadas, y aún así normalmente son contadas las ocasiones en las que tengo que llevar monedas para el billete del autobús: o voy caminando, o en bici. Para ambas cosas tampoco necesitas dinero.

Como no uso coche -ni tengo-, tampoco necesito llevar dinero para gasolina. La bicicleta me lleva y me trae con mi propio esfuerzo. Cuando estuve en Madrid hice lo mismo, la única diferencia es que en lugar de salir de casa media hora antes, sales hora y media. Y bueno, no pasa nada, mientras caminas coges el rosario y rezas, o escribes en tu móvil, o lees libros con tu lector de libros electrónicos, o simplemente miras a tu alrededor. Gracias a eso leí casi todos los libros de los padres de la Iglesia, una lectura amplia pero muy gratificante que de otra manera habría tardado mucho más en hacer.


Cuando dices estas cosas suelen comentarte: ¿y si tienes un accidente? Sí, todo el mundo se pone en lo peor. ¿Y si te cae un rascacielos encima? ¿Y si se sale un coche de la vía y te atropella? ¿Y si, y si...? He tenido varios accidentes de bici (algunos de ellos graves), y en ninguna ocasión he necesitado el dinero, de hecho el dinero no me habría servido de nada: uno fue en un lugar inhóspito. También he tenido crisis de asma en pleno trayecto en bici, y salí del paso (con el inhalador de rescate, claro, que eso sí que tienes que tener precaución en llevar). Lo único que eché en falta una vez fue un teléfono móvil, pero pude remendar la bici deprisa y salir del paso.

Y esa es otra de las grandes ventajas de la bici: con un coche tienes que esperar a la grúa, luego que te lo lleven, luego que te lo revisen en el taller, luego que diagnostiquen la avería... Un caos que se lo dejo a quien quiera. La bicicleta, mal que bien, siempre puedes remendarla con una u otra cosa, y hasta el destrozo más serio que uno se pueda imaginar en una bici puedes solucionarlo improvisando con un poco más o menos de imaginación. En cualquier caso, y aunque sea solamente pedaleando con una sola marcha, una bicicleta difícilmente te deje colgado. Un coche, una moto, y hasta un caballo, sí, pero una bici no.

En esta sociedad donde todo gira en torno al dinero, que uno diga estas cosas parece que habla de ciencia-ficción. Conozco gente que prácticamente lleva sus ahorros encima, y eso sí que me hace llevar las manos a la cabeza, me parece una locura, porque puede perderlo o que le asalten, y eso sí me parece más desastre y más trágico que el vivir una situación comprometida porque en ese momento no tengas "suelto". Casos como Jesús Gil, que llevaba siempre con él 600 € encima me parecen hilarantes, así es que yo lo único que temo perder de mi mochila es la documentación, y no por nada especial, sino por los quebraderos de cabeza que eso me supondría. Fuera de ahí, que la pierda me da igual. Y eso que llevo muchas de mis pertenencias con ella.

En una sociedad donde el dinero es lo más importante (casi me atrevería a decir que "lo único importante") intentar prescindir de él cuanto podamos, y enseñar a nuestros hijos a hacerlo no solo es una forma contestataria de reaccionar, sino una importante práctica de supervivencia que te hace despertar la imaginación y usar otros recursos que de otra forma no solo no descubrirías, sino que ni siquiera sabrías que están ahí. Y es que me atrevería a decir que casi todas, sino todas las cosas que hacemos cuando estamos fuera de casa, podemos hacerlas sin dinero. Obviamente, eso implica un cambio de valores, pero eso ya depende de ti.

| Redacción: Bianamaran.blogspot.com

2 comentarios :

  1. Lo de salir sin dinero, es como salir sin teléfono. ¿Y si pasa algo? Pues hace 20 años, muy pocos tenían uno, salían a la calle, y no pasaba nada.

    Es cuestión de acostumbrarse, y lo más difícil, de cambiar de hábitos.

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  2. No creó que haya que irse a los extremos. No tiene nada de malo traer un billetito para lo inesperado. Con exceso, ni la austeridad

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