4.10.15

¿Necesitamos tantísimo volumen de información?


Hace años se decía que la información era poder, pero cada vez está quedando más patente que el exceso de información es una molestia, e incluso llega a derivar en enfermedad. Es curioso que en este sentido se esté dando algo tan intangible que a veces resulte difícil de ver y percibir: cuanta más cantidad de información, más necesidad de herramientas necesitaremos para gestionarla, dando como resultado un bucle infinito, la pescadilla que se muerde la cola. Porque las herramientas para gestionar esa información serán más complejas, a medida también que la cantidad de información aumente, no solamente en cantidad de datos, sino de elementos a controlar ("campos" sería el nombre adecuado, para los que manejéis u os gusten las bases de datos).

Hay muchos ejemplos para esto. El reloj, sin ir más lejos. Un reloj mecánico, o un simple digital de antaño como los F-28 o muchos de la serie F de Casio (F-23, F-87, F-90...), solamente incorporaba la hora, y la fecha, no tenías más para complicarte la vida. Incluso los mecánicos a lo sumo incorporaban el número del día del mes, lo demás te lo dejaban en tus manos (inclusive el controlar que el día del mes se correspondiera con la fecha adecuada en el calendario).




Puede que suponga un atraso tener que revisar y mirar en un calendario qué día del mes estamos para verificar su exactitud de cuando en cuando; los relojes digitales y de cuarzo con calendario automatizado nos quitaron un gran peso de encima, incluso nos dicen el mes y el año. Nos aliviaron la existencia. Pero... ¿de verdad lo hicieron?

Ocurre como en los receptores de radio. En los antiguos receptores analógicos (por fortuna aún quedan modelos de ellos en el mercado) tenías que sintonizar las emisoras manualmente, y si cambiabas de emisora tenías que preocuparte en recordar o en buscar de nuevo la emisora que tenías previamente. Ahora los modernos receptores digitales pueden almacenar en su memoria una determinada cantidad de emisoras (diez, veinte... depende del modelo), y para cambiar de una a otra simplemente basta con apretar un botón.


Todo eso pareciera que nos hiciera la vida más cómoda, podemos despreocuparnos al manejar más datos, el reloj o la radio lo hacen por nosotros, y no tenemos que recordar lugares de la emisora o mirar calendarios para constatar el número del día del mes. Pero nadie nos contó la otra cara. De hecho, no nos la suelen contar ni ahora. El pasar del entorno analógico mnemotécnico (en el cual se mueve y maneja los datos nuestra mente, nuestro cerebro animal) a datos digitales (más propio de los robots, de la sociedad industrializada, de la sociedad de la producción en cadena) ha traído consigo un precio que estamos pagando sin darnos cuenta. Estamos vendiéndoles nuestra intuición. Los niños de ahora tienen muchísima menos intuición que los de generaciones pasadas, y no hablemos ya de imaginación. Manejan los datos de los ordenadores y sus computadoras portátiles (desde relojes a videoconsolas, pasando por smartphones) de manera robótica. Han perdido en buena parte (y si la línea del conocimiento continúa en el futuro próximo con esta misma tendencia, aún más) el manejo intuitivo de su cerebro. La parte mnemotécnica se ha sustituido por la retahíla de datos en orden de filas y columnas. Como un programa de un robot. Como una ficha en Excel.

Os diré cual es esa otra cara, ese precio que pagamos por el inclinarnos (o, mejor dicho, por obligarnos la sociedad a hacerlo, porque está presente en todas partes) hacia el lado de lo digital ignorando lo analógico. Y no hablo de relojes, en este caso, me refiero a tecnología, a entorno tecnológico. Vuelvo a un receptor de radio para poneros un ejemplo: mientras que la radio analógica te permitía mantener el control sobre cada emisora, ver cómo y cuando cambia de número de dial, y poder buscarla con más o menos agilidad (hasta los más ancianos sabían -y saben- buscar una emisora de radio, y normalmente encontraban su favorita con inusitada rapidez), en la digital lo dejamos todo en manos de "la máquina". Perfecto. Bueno, no, no tanto. Dejarlo en manos de la máquina supone que tienes que aprenderte de memoria un procedimiento, una combinación de teclas y de determinado orden de pulsación de las mismas (diferentes en cada modelo), así como engorrosos procedimientos de grabación de esa emisora. Mientras que en las analógicas el "aprendizaje" es meramente intuitivo (sin leer un manual casi todos sabemos manejarlas), las digitales no son así. Pero eso no es todo. Una vez que nos aprendamos el procedimiento de grabación y cómo manejar las emisoras grabadas para pasar de una a otra, si cambias de ubicación o la emisora cambia de dial (ambas cosas bastante habituales), debemos de volver al manual para establecer el escaneo, o bien hacerlo manualmente mediante la pulsación de una determinada tecla, o seguir un sistema previamente diseñado para la búsqueda, y volver a grabarlas. Mismo procedimiento cuando cambiamos las pilas -en aquellos modelos con memoria volátil-, o cuando, por accidente o sustitución, perdemos alguna emisora grabada. ¿Te has fijado en la larga explicación que me ha llevado describir el procedimiento digital, respecto al analógico? Resulta que lo que nos venden como "cómodo", no lo es tanto, a fin de cuentas. Vale, es solo una radio. Ahora multiplícalo por cada aplicación en tu móvil, cada televisor digital en tu casa, cada programa de tu ordenador y cada aparato electrónico que poseas. ¿Cómo no vamos a estar saturados de información? ¿Te das cuenta de la enorme cantidad de datos que para manejar un aparato debes recordar y procesar?


Mientras antes lo único que tenías que hacer era lo que hacías siempre: mirar el calendario y ver el día en el que estás, y mirar tu reloj y constatar que lo tenías bien, ahora tienes que aprenderte un engorroso procedimiento para cambiar su calendario (cada vez que cambies de pila, o cada vez que lo modifiques o se altere por cualquier razón). Pero aún así y todo el calendario es lo de menos. ¿Y aquellos relojes con cronógrafos, temporizadores, contadores y sistemas varios como sensores? Muchos seguro que tenéis Pro Trek, ¿os sabéis el manual del Pro Trek de memoria? ¿Seguro que cuando tenéis que recalibrar la brújula o el barómetro en medio de la montaña, sin el manual sabríais hacerlo? Sin embargo la humilde brújula analógica, que a muchos les parece tercermundista o de la época de los dinosaurios, nos permitía una libertad y nos liberaba de un tiempo que ahora tenemos que dedicar a eso, a gestionar toda esa enorme cantidad de información que los modernos "artefactos" vendidos como "ahorradores de tiempo" nos han estado arrebatando.

Ayer, precisamente, aparecía en la BBC un reportaje sobre el hombre que predijo el fin de la industria musical. En 1976 Jacques Attali vaticinó en uno de sus libros lo que estamos viviendo hoy con el MP3 y la música "a la carta", que han hecho caer las ventas de discos vertiginosamente. En ese artículo le preguntan sobre el futuro, y en un asombroso alarde de intuición responde que en el futuro lo que será verdaderamente valioso es el tiempo. La gente tendrá poco tiempo, cada vez se le valorará más y por defender su tiempo y disfrutar de él nos esforzaremos con lo que sea. ¡Pero qué paradoja! ¡Si era precisamente eso, el tiempo, lo que toda esa tecnología nos iba a otorgar! ¡Si nos la vendieron como algo "cómodo, rápido, que te ahorrará esfuerzos"! Pues resulta que no, al contrario. La infor-mática ("manejo de la información") cada vez está siendo más "defor-mática".


Vale, y es bien cierto, que muchos expertos argumentan que la curva de aprendizaje para un dispositivo digital o un programa suele ser mayor que para su símil antiguo o analógico, pero tras superarlo esa ventaja de la tecnología moderna es innegable, irrevocable. Sí que es así, pero de nada sirve si siempre estamos en la curva, si siempre tenemos que recurrir al manual o volvernos a aprender el procedimiento. Entonces ya no es tan útil. Por desgracia el cerebro humano no es un robot, no es una máquina, y si se agota la memoria no puede expandirse con nuevos chips. En nuestro caso la información que no usamos se va poco a poco diluyendo, el cerebro la va arrinconando y olvidando, hasta que acaba por desaparecer. Y así ocurre que cuando tienes que ponerle la alarma a tu sofisticadísimo y modernísimo reloj no sabes cómo hacerlo, o cuando tienes que cambiarle de día a su calendario, cuando le tienes que cambiar las pilas, o cuando tienes que ponerte a buscar una emisora de radio. Si manejas Microsoft Access todos los días, para ti no tendrá secretos crear una tabla o modificar sus registros, pero si lo haces cada seis o diez meses cada vez que te pongas a ello tendrás que volver a estudiar los manuales. Así ocurre con todo, pasando por los coches modernos y acabando en cualquier procedimiento de entrada a un servicio público, con sistemas de tarjetas de identificación y procedimientos de registro vía digital. Al final es un cúmulo de información (la mayoría de ella basura, nada importante, pero que nos obligan a saber y conocer) que nos enloquece, nos atormenta y nos acaba creando conflictos, porque por su culpa perdemos de vista lo esencial, o no nos deja prestar la suficiente atención al fin en sí, al motivo que nos lleva a que escuchemos y disfrutemos de la radio, o que realicemos cualquier gestión en un ente público de manera centrada y satisfactoria.


La ATUC (la asociación de transportes urbanos de España) salía esta semana al paso para insistir en la necesidad y las bondades de utilizar tarjetas de transporte inteligentes para viajeros. Según ellos si esa tecnología estuviera implementada en todos los transportes públicos, cada viajero se ahorraría un día al año, por la rapidez que supondría subir al autobús sin pérdida de tiempo. Inaudito. ¿Un día al año? ¿Han contado la gestión, mantenimiento y demás operaciones que requieren ese tipo de tarjetas? Claro, eso no lo dicen porque no interesa. Nunca les interesa contar la otra parte de verdad. No es que no la sepan, es que en la vorágine de modernidad que vivimos, si todo no suena a chips y a futurista parece que es retroceder, y no es así. Nos venden un mundo irreal, y cuando llegan las complicaciones y los problemas (ahora llamados con el menos agresivo nombre de "incidencias"), te dan la espalda y no quieren saber nada de ti.

Pero eso no es lo peor. Con el sistema analógico, convencional y de siempre, pagar tu billete te otorgaba el control absoluto en la transacción. Ahora no. El control lo tiene "el sistema", un sistema que solo él sabe el dinero que te queda, el que llevas, el que gastas, los viajes que haces, a dónde vas, con quién, cuándo vas, y un sinfín de datos grabados en un chip o banda magnética que solo conocen ellos. Tú no lees tu tarjeta, lo mismo que tampoco lees tu tarjeta bancaria, ni el monedero electrónico, ni la tarjeta de fidelidad de tu gasolinera o supermercado. Ellos sí. Y saben con eso toda tu vida, hasta cuándo vas a tener una noche loca por la compra de determinados productos, o cuándo estás de vacaciones o enfermo. Cierto que para la mayoría eso no es importante, "total" -pensamos- "a quién puede interesar", pero esa no es la cuestión. No deberían tener esos datos, porque no tienen por qué conocerlos, y no deberíamos otorgarles ese poder.


Por desgracia no podemos ir contra corriente. Cada vez perderemos más el control, y cada vez tendremos que vernos obligados a aprender procedimientos estúpidos y manuales insulsos para manejar las mismas cosas y obtener los mismos resultados que antes obteníamos sin apenas esfuerzo. Lo peor de todo es que con ello perdemos de vista lo esencial, lo importante. Y así, más y más saturados de información basura, con más esfuerzo de nuestro cerebro por intentar lidiar con todo ello y prescindir de lo menos importante, nos estresamos, acabamos sin tiempo, y ya perdemos hasta las ganas. Se suele decir que los ancianos no saben manejar aparatos modernos porque han nacido en otro tipo de sociedad, y que los niños los saben manejar por intuición. Pues sí, los ancianos están más acostumbrados manejar su cerebro con soluciones de otro modo, con una forma más analógica e intuitiva. Los niños, sin embargo, se han adaptado al procedimiento programático de unas instrucciones y las leen como si estuvieran leyendo un diagrama de flujo. Y fuera de la lectura programática, de instrucciones y comandos, se sienten molestos, inseguros. Por eso soluciones que tengan que ver con el ingenio son para ellos cada vez más difíciles de adoptar, como responder a los cambios naturales de su entorno, u organizar juegos o tácticas.

Mientras eso ocurre sin que podamos darle solución, nosotros llegamos a casa rendidos y no sabemos por qué. "Si apenas he hecho nada", solemos decir. Es que ahora los metódicos procedimientos que te rodean (no en tu trabajo ni en tu trato con administraciones públicas solamente, sino en cada cosa cotidiana que hagas, en tu propia casa) requieren tanta capacidad de procesamiento que hay que ser un robot para llevarlos a cabo. Puede ser que, a fin de cuentas, sea eso lo que persigan: que seamos como robots. Que nos volvamos máquinas de producción, "entretenidos" en hacer funcionar las cosas, los instrumentos, la tecnología que nos rodea, perdiendo el fin para el que existen y por el que nos las hemos comprado y traído a nuestra vida: nuestra relajación. Perdiendo la capacidad resolutoria que como humanos tenemos, de decisión y de toma de iniciativa, a cambio de ser partes de un rebaño de ovejas que siguen mecánicamente las normas de un manual de uso. Como aquellos soldados que en la alta edad media japonesa eran destinados a la batalla sin pensar y sin sentimientos, lavado su cerebro a base de mantenerles en un estricto y vigilado entorno.

Para buscar un fin, acabamos perdidos en el tránsito, en el camino.

Y así es. Entra en un taller de coches y asústate. Con un juego de llave inglesas ya no arreglas un motor. Y eso se extiende a todo en nuestras vidas. No hay solución. ¿Es esta la civilización tan tecnológicamente avanzada que nos prometían? ¿En dónde nos están metiendo?


| Redacción: Radio Ibérica

3 comentarios :

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  2. Muy interesante Nelbu, en la era digital resulta muy difícil esquivar este tipo de tecnología, estas obligado casi a la fuerza a convivir con ella, para la gente joven y para todos los que tengan unos 40 años nos puede resultar muy fácil de usar, sin embargo yo siento un nudo en la garganta cada vez que una persona mayor me pide ayuda para actualizar los canales de TV, para memorizar las emisoras de radio, para poner en hora los relojes digitales en los cambios horarios, eso sin contar la programación de los Videos y el uso de ordenadores y Smartphone, los cobros y recibos que van muchos de ellos por Internet.

    Hoy en día la vida es muy complicada para las personas mayores y si no fuera por almas caritativas, familiares o vecinos que recurren antes sus clamores de ayuda no se que seria de ellos, me da pena ver esta diferencia generacional tan abismal entre los jóvenes y los mayores y ver que no hay un plan B para hacer la vida más fácil a los menos inexpertos en las nuevas tecnologías, una transición más llevadera entre lo analógico y digital para estas personas.

    En mí caso no tengo problemas, muchos de los aparatos electrónicos los aprendo por inercia o por intuición, aprendí a conectar Internet a una amiga sin tener ni idea, apenas me leo los manuales, me gusta aprender sobre la marcha, pero en mí caso tengo la ventaja de haber nacido en una generación muy tecnificada como la mayoría de las personas que leen el Blog, una generación en la que se construía ordenadores de manera autodidacta, en la que te tenias que aprender todos los comandos de MS-DOS y donde estabas rodeados de aparatos electrónicos, pero la generación de los 70´- 80´ y 90´ ( donde prima la tecnología del Hardware ) no cuenta, venimos con ventaja, si que he notado que a los mayores el peso de la gravedad tecnológica les aplasta y a los jóvenes actuales están acostumbrados a la tecnología infantil de consumo ( donde prima el Software ) en la que te lo dan todo hecho, no han vivido el montar y demostrar ordenadores desde cero, montar Software….

    Actualmente me gusta combinar lo analógico y lo digital en todas las áreas de la vida, pero decantarme solo por un tipo de tecnología no me parece adecuado, además el confiar tanto en las maquinas hace que las personas pierdan capacidades, es mejor tener un equilibrio y usar la tecnología solo cuando sea necesaria y no como pasa hoy en día que se confía y se abusa mucho ella hasta para hacer gracias.

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  3. Una interesantísima reflexión Nelbu.
    Añadiría un precio oculto más, y es la necesidad de acceder a esa información. Es decir, si el aparato de mi coche es digital, y me he molestado en sintonizar las emisoras que me gustan, debo migrar manualmente esa información cuando me cambio de coche. Es decir, tengo que recordar, o como bien decís, acudir a ambos manuales, para ver como se sintonizaban.

    Si quiero poner en hora mi Citizen Pilot Radiocontrolado, tengo que recurrir al manual. En cambio en mi modesto mecánico, ello es totalmente intuitivo.

    Todo eso por no hablar que ya ni siquiera sabemos donde está la información, o cómo recuperarla. No sabemos que fotos están en FB, en Twitter, cuales las migramos a OneDrive, o Dropbox, cuales siguen en el móvil, y cuales están en el ordenador aún. Incluso muchas de ellas se hayan probablemente replicado por motivos de seguridad a iCloud, ... Una gran comodidida, si, pero cuando cambiamos de sistema, nos vemos de nuevo investigando donde estaba qué, para consolidarlo, y traspasarlo, o bien, simplemente lo damos por perdido. Aunque en realidad más que perdido es huérfano, porque seguir, seguirá estando siempre allí, en alguna nube del ciberespacio.

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