4.8.16

¿Esto es cine, o es "otra cosa"?


El actor no estaba en el puente. De hecho el puente ni existía. Bueno, tampoco existía la carretera. Ni esa parte de la ciudad. En realidad, la verdad verdadera, es que ni siquiera existía el actor. Estoy hablando de Deadpool, y todo esto que te digo lo tienes muy bien explicado en el vídeo que encontrarás al final de este artículo.

El uso y abuso de técnicas de animación y 3D en el cine actual es brutal, hasta tal punto que uno no logra en muchas ocasiones diferenciar un video-juego de una película. Esto, de por sí, no es malo, el cine está hecho de sueños y fantasía y desde las primeras películas en donde las escenas más peligrosas (o imposibles de hacer, como naves espaciales) se hacían con maquetas, o con dobles disfrazados, la mayoría de lo que sale en la gran pantalla -historias incluidas- es mentira. Bien, todos lo sabemos, lo asumimos, y nos sirve para pasar el rato, no hay ningún problema. Pero, ¿hasta qué punto se le puede llamar a esto cine, y no video-juego o cualquier otra cosa?

El cine, el llamado "séptimo arte", debería ir más allá.




En este artículo podéis ver escenas de uno de los últimos largometrajes españoles, "Zipi y Zape 2". En ellas podéis comparar la escena real en la parte superior, y la que luego se ve en la gran pantalla en la parte inferior. Como veis, es algo más que simples "efectos especiales", no solo han creado efectos, han creado animales, paisajes... ¡han creado islas enteras y montañas inexistentes!

Yo recuerdo cuando, de pequeño, acudía al cine y veía todos aquellos mundos y salía asombrado, o veía una película y soñaba con ser el héroe de la misma. Buena parte de esa impresión era el creer que aquello realmente sucedía, que era posible, y que la historia que contaban podía realizarse. Hoy eso ha pasado a un segundo plano frente a la espectacularidad y el asombro. Se busca más el tener al espectador pegado a la butaca (o al sofá de su casa) en lugar de motivarlo o moverlo a plantearse e inducirle a pensar por sí mismo. En una sociedad harta de lo extraordinario, que ya no se asombra ni sorprende con nada o casi nada, el captar la atención a ese público es cada vez una tarea más compleja, y supone por eso etapas muy largas de postproducción (en la mayoría de ocasiones, ya más largas que las del propio rodaje).

Así, no es extraño que la frontera entre la realidad y la ficción sea cada vez más estrecha. Aquello de "ver para creer" ya no es así, ahora aunque veamos la mayoría de personas no creen, porque saben (o intuyen) que es mentira, y con eso nos hemos convertido, sin querer o queriendo, todos nosotros en una panda de descreídos. No creemos en nada y, lo peor: nos volvemos insensibles hasta con las experiencias o realidades que antes nos conmoverían.


A veces me viene a la mente, cuando hablo de esto, sobre los vídeos de OVNIs de hace algunas décadas. Aquellos vídeos con naves que parecían puntitos de luz pero que, de una u otra forma, nos hacían pensar y nos dejaban dudas. Ahora sitios de internet como Youtube están plagados de vídeos de OVNIs espectaculares, muchos dicen ser ciertos, otros claramente son creaciones 3D, pero el caso es que aunque aparezca uno de ellos que se asegure es real, todos pensarán que no lo es y que ha sido modificado, retocado o incluso creado en un "laboratorio" con un ordenador.

Es verdad que la capacidad de asombro de los niños de hoy no tiene nada que ver con la que nosotros teníamos. Mientras que a nosotros ver un reloj digital, o jugar a los marcianitos (no digamos ya las hazañas de películas como "El coche fantástico") nos hacían saltar del sillón, para captar la atención y sorprender a los niños de ahora hay que esforzarse mucho más.

No sé si esto es bueno o malo, claramente el convertirnos en unos descreídos muy bueno no es, pero, además, el cine es otra cosa. Es mucho más que inventarse paisajes y fingir una historia. Y, por otra parte, ni siquiera sé para qué necesitamos actores si en muchas películas el actor de carne y hueso aparece en unos pocos planos sueltos y el resto del tiempo lo único que hace es ponerle voz a un personaje hecho de bytes.


Peor aún, cuando esos niños, jóvenes (y no tan jóvenes) intentan emular a su héroe de la televisión o la escena en la autopista con sus motos, ciclomotores o coches, sin darse cuenta que coches, motos, paisajes, gente... Todo eso no existe. Y, por supuesto, tampoco las acrobacias o el control sobrenatural de conducción y pilotaje que se ve en las secuencias. En el mundo real es mucho más difícil y, por lo general, todos quienes intentan imitar esas escenas no acaban muy bien parados.

Evidentemente la tecnología está ahí, y está ahí para quedarse. Probablemente a mucho no tardar los paisajes terrestres sean ya tan rutinarios (y estén tan urbanizados y contaminados) que directamente los crearán, crearán sueños imposibles que podremos ver, como ahora mismo crean ciudades enteras e incluso la gente que vive en ellas. El problema es que, cuando apaguemos la televisión o salgamos de la sala de cine, nosotros volveremos a ser de carne, con nuestras limitaciones, problemas y desgracias. El cine nos hace creer que todo se arregla fácil y en un golpe de ratón, los malos son "los otros", los culpables, "los otros", y la diferencia entre el bien y el mal la divide una línea clara y nítida. Nada es así en el mundo real. ¿Quién podrá sacarnos, entonces, de nuestra burbuja de comodidad y autosuficiencia?


Por cierto, y sin ánimo de ofender a nadie, pero de un lector acérrimo a los cómics de Zipy y Zape, ver en qué los han convertido ahora, en una especie de macrohéroes a lo "Pequeños espías" me parece francamente lamentable. Ese papel no les va nada a los gemelos, ¡si Escobar levantara la cabeza!


| Redacción: Bianamaran.blogspot.com

1 comentario :

  1. Muy interesante. Aunque yo creo que sólo la técnica ha mejorado. De las maquetas de nuestra época, a los CGI actuales.

    Lo malo, es que son tan relativamente baratos, que muchas veces, se lanzan películas, que sólo tienen eso, CGI. Ni buenas actuaciones, ni especialmente buenas historias.

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