8.9.16

La ginoide y el extractor de minerales


Un relato de Bia Namaran.


Llegué a la estación de paso de Edhea con casi hora y media de retraso. Nada mas aparecer por el portal de desembarco, una de las azafatas alzó la mano hacia mí. Ni siquiera le di tiempo para abrir la boca, giré sobre mí mismo y me di la vuelta diciendo:

- ¡Se me olvida algo!

En cualquier caso ya sabía lo que me iba a decir: que llegaba tarde. No era habitual en mí ser impuntual, de hecho normalmente era todo lo contrario y entre mis pocas virtudes una de ellas era ser muy puntual, a veces incluso quizá demasiado. Pero desde que me habían hecho "la jugarreta" en Lunar 16, dejándome "el marrón" de buscarme la vida solo en la estación espacial tras haberse averiado todos los robots de extracción minera, mi cabreo con "La Filial" (así le llamábamos a la escisión de la antaño Unión Minera de Explotación Estelar, dependiente del gobierno y luego en manos privadas, la cual tras un largo conflicto ésta se había dividido en la Tungstenum Ingravity Mineral -"la filial"-, y la Carbone Explosives; la Tungstenum Ingravity Mineral había salido muy beneficiada con la división de la sociedad, había comenzado como una lucha sindical reclamando primas y derechos que con el paso a manos privadas Carbone Explosives les negaba y, tras ganar los pleitos, se había llevado el mejor material y la mayor parte del inventario del que antaño había sido el poderoso grupo gubernamental Unión Minera de Explotación Estelar, entre el cual había la tecnología más actual y vanguardista del momento) era monumental. Legalmente ellos no podían despedirme (bueno, sí podrían, pero no lo harían), yo era demasiado valioso tras haber tenido que estar "currándome" rutinas y algoritmos para que no se viniera abajo la estacion Lunar 16 sin cobrar un mísero dólar por ello, comandos y codificación en máquinas virtuales que ellos luego habían copiado sin mi permiso al resto de las estaciones. Algún supervisor administrativo había hecho simples "copias y pegas" del sistema que había programado para Lunar 16, con el fin de ahorrar tiempo o ahorrarse trabajo... A saber.




El caso era que ahora la mayoría de minas extractoras trabajaban con robots y sistemas informáticos con mi codificación, y claro, echarme suponía casi arriesgarse a cerrarlas. Y cerrar una mina no era simple, de sus minerales dependían muchas economías y pueblos, además de, por supuesto, industrias.

De manera que cuando regresé a la entrada intermodal de embarque, ahora con otra media hora más de retraso sumado a la hora y media que ya arrastraba, esta vez la pequeña muchachita tras el mostrador lleno de androides y robots sí pudo hablarme, elevando de nuevo su brazo:

- ¡Llega con retraso!

- Lo sé. Ahora me pongo con ello...


Me metí tras el mostrador, aparté al robot de una consola mientras la azafata no despegaba sus ojos de asombro, notando hasta su mirada en mi espalda, y escribí el comando:

/reply /a_x /-a

Mi tiempo de llegada se borró. Ni siquiera se mostraba mi ficha en la pantalla. La azafata se mostró sorprendida, pero al ver que me iba me detuvo diciendo

- ¡No! Dicen "los jefes" que suba.

- ¿Los jefes? ¿Para qué quieren verme "los jefes"? -Protesté, dirigiéndome al ascensor.

"Los jefes". La verdad es que no se sabía muy bien quién era el que realmente mandaba allí. A mí me habían quitado el supervisor, se habían hartado de que borrase sus datos del fichero que lo vinculaba a mis proyectos, o que le desviase hacia variopintas rutas para deshacerme de él. Casi se podría que, cuando me dejaron abandonado y aislado en Lunar 16, me acostumbraron a la vez a estar libre. Una libertad de la que ahora no estaba dispuesto a desprenderme. Y ya no quería a nadie a mis espaldas. Por otra parte, yo tampoco necesitaba a nadie, y si tenía algún error prefería asumirlo yo y que me culparan a mí.


Cuando entré en el despacho vi a la presidenta y al sub-director, sentados tras un enorme escritorio y con varios informes en los displays, ante sus ojos. Conocía bien a la anciana presidenta, de pelo cano y delgada, con afilado mentón, era de esas personas a las que se les podría aplicar el dicho de "perro ladrador, poco mordedor". Protestaba, gesticulaba e incluso amenazaba mucho, pero en el fondo era bastante débil y manipulable. Yo no me aprovechaba de eso, por supuesto, pero hacía que la mirase con cierta condescendencia y simpatía y, por qué no decirlo, me caía bien. Y sabía que yo a ella también le caía bien.

Empezó a decirme que eso no podía volver a repetirse, que sería la última vez, que tenía que hacer un trabajo en común o irme, que lo de "caballero solitario" no me lo iba a permitir... En suma, lo habitual, aunque en esa ocasión creo que se mostraba bastante más enérgica porque tenía delante al sub-director, lo que me pareció una tontería porque, al fin y al cabo, él también tenía que conocer su carácter de sobra y no dejaría de resultarle familiar aquella actitud de su superiora.

Salí de allí contrariado, con la sensación de "¿qué ha pasado aquí?". Por fortuna allí estaba "ella" para aliviar mis penas. En la sala de acceso conjunta, donde se quedaban las auxiliares para guiar a las visitas, servir de ayuda con las gestiones, solucionar problemas de comunicaciones entre las estaciones... Estaba de pie, inmóvil, con diez o doce compañeras, esperando para interactuar. Me acerqué a ella y la siseé en voz baja desde la puerta:

- ¡Ssssh! ¡Eh! ¡Vente!


Sus compañeras, las otras ginoides, ni se inmutaron. Sólo movieron sus ojos hacia mí. Ceroveinticuatro (no querían llamarlas con nombres humanos, una de tantas tonterías de la legislación cyborg) sí giró su cabeza, me miró y sonrió. La cogí de la muñeca y la hice seguirme. Protestó con una fémina voz muy amable y seductora:

- ¡Eh! ¿Qué haces?

- ¡Cállate, joder! ¡Vente!

La hice caminar conmigo por el estrecho pasillo. Algunos de los burócratas nos miraban extrañados tras sus alargados escritorios metálicos, pero no nos dijeron nada. Ceroveinticuatro vestía el sugerente uniforme de las azafatas, con minúscula minifalda y una excitante camiseta blanca ajustada que quitaba la respiración. Por supuesto, tenía unas curvas perfectas y unas piernas excepcionalmente esculpidas, no en vano aquellas ginoides costaban una monstruosa cantidad de dinero. Ceroveinticuatro vestía una minifalda color borgoña y el escudo, en esa misma tonalidad, estampado en el centro y en lo alto de la camiseta blanca, indicaba que era de la sección de radioterapia. O sea, una ginoide de atención médica.

La llevé hasta el fondo de una de las pequeñas salas de comunicación, que sabía que iban a estar vacías en aquellas horas (yo mismo la usaba muchas veces) y la hice sentarse. Le cogí el brazo y se lo coloqué encima de un aparato especial mientras con agilidad yo abría la interfaz del ordenador en modo consola.

- ¿Qué quieres hacer? -Me preguntó ella con amabilidad, sin dejar de sonreir. Estaban programadas para eso, para ser amables y graciosas.

- Necesito acceso. Dame acceso.

Como programador, se presuponía que si yo iba a trabajar con la codificación de una máquina no tenían que pedirme explicación alguna. Eso no les incumbía y, por supuesto, ceroveinticuatro me dio acceso a su programación sin rechistar. Enseguida me salté los protocolos de alto nivel elementales, mientras farfullaba más para mis adentros que para ella:

- ...control de presión sanguínea, protocolos de estabilización... ¡Bla, bla, bla...!

Ella se echó a reír, graciosa:

- ¿Qué haces? -Insistió.

Mientras dejaba de lado los parámetros y funciones más superfluas y accedía a la programación de bajo nivel de la ginoide, dije:

- Estoy cansado de estar solo, quiero una novia como tú...

Se echó a reír a carcajadas:
- ¡No puedo ser tu novia!

Tecleé algunos comandos y modifiqué algunas rutinas:

mov ah, x B47

- Ahora sí, guapa... -Dije, tras encriptar la puerta de acceso para que nadie pudiera acceder a alterar mis cambios.

Algo ocurría en el complejo sistema del interior de la ginoide. Su voz se resqubrajaba por momentos al decir:

- No... Me... Es... Per... Mitido... Salir... De... Aquí...

Sonreí:

- ¡Me importa un rábano!

La cogí de la mano, apartándole el brazo del terminal, y la besé en la boca. Me iba a separar cuando ella me rodeó por el cuello y continuó besándome. Le susurré:

- Anda, vámonos.

La cogí de la mano hacia la salida. Me susurró, advirtiéndome de nuevo:

- ¡Pero no puedo salir!

- Ahora puedes hacer lo que te dé la gana, Atyth.

Había decidido cambiarle el nombre. Ceroveinticuatro no era un nombre apto para una mujer como ella.


- ¡Te has llevado a ceroveinticuatro! ¡A una de nuestras carísimas ginoides!

Era una alarmada señora Carel, la presidenta de Tungstenum Ingravity Mineral, y a su lado estaba la Directora de Sistemas de la compañía, la señora Talbot. Me habían "ordenado" que regresase a su oficina tras haberse enterado, tras una semana "de noviazgo" con mi encantadora Atyth, que me la había llevado. Ahora Atyth y yo estábamos alli, de pie, ante ellas.

- Atyth es mi chica. - Dije, sonriendo, mirando de reojo a la ginoide, que me sonrió dulcemente a su vez. Carel explotó:

- ¡No se llama Atyth, es ceroveinticuatro!

Talbot se quedó asombrada con la actitud enamorada y las muestras de cariño que notoriamente Atyth mostraba hacia mí. Me miró como si hubiese cometido un delito:

- ¡La has hackeado!

No me pareció tan malo. Dije:

- Bueno... He programado una chica tal como me gusta.

- ¡Pero ella no está enamorada de ti! -Recriminó la experta informática.

- Sí que lo está. -Dije.

- Sí que lo estoy. -Repitió mi pareja.


Me costó mucho evitar reírme. Entonces Talbot se levantó, y se dirigió hacia Atyth. Mirándola fijamente a sus ojazos azules clarísimos, le preguntó:

- ¿A sí? ¿Lo estás? ¿Y cuánto tiempo lleváis juntos?

Esa pregunta me hizo pensar "joder, qué malvada es..."; era lógico, como experta en IA, Talbot sabía cómo poner entre las cuerdas a una máquina con una pregunta de lógica aplastante. Por supuesto, Atyth no iba a decir: "ocho días, once horas, treinta y tres minutos", eso no era romántico y en cierta forma ridiculizaba nuestro amor duradero. Su procesador debía estar echando humo. Palideció y balbuceó al decir solamente:

-No estoy segura...

Talbot quería torturarla. Acercó su oído como si no lo hubiese escuchado:

- ¿¡Perdona!? No te he oído bien. ¡Por favor, repítelo!

Intenté salir en su ayuda, pero Talbot me detuvo con un gesto de su mano:

- ¡No, que me lo diga ella! ¡Le he preguntado a ella!

Suspiré. Miré hacia Carel, y creo que la anciana presidenta debió notar en mi semblante una llamada de compasión reclamando ayuda. Se puso en pie, apoyando sus nudillos sobre la mesa con gesto duro, diciendo:

- ¿¡Pero esto qué es!? ¿En serio le estás preguntando a una máquina si ama? ¿¡Nos hemos vuelto todos locos o qué!?

Talbot la miró:

- Por eso en los centros extractivos no tenemos ginoides, porque el personal humano masculino solo pensaban en acostarse con ellas, y no en trabajar.

Me eché a reír. Miré a Carel, aunque hice referencia a la Directora de Sistemas:

- ¡Perdona, Talbot! ¿Entonces las prostitutas que envían hacia allí para qué son?

- ¡Me importa una mierda! ¡Pero son humanas! -Gritó, a la vez que ponía una mano en medio de nosotros para separar a Atyth de mí. Yo apreté la mano de Atyth e hice que se pegara más a mi lado.

- Talbot, váyase, ya ha sido suficiente. - Pidió Carel. Suspiré aliviado. La informática miró a la presidenta:

- Pero...

- ¡Ya he escuchado bastante! ¡Váyase!


Se fue dando un portazo. Ahora Carel cambió de actitud, se sentó sobre una esquina de la mesa, incluso parecía mostrarse amable:

- ¿Qué estás haciendo? -Me dijo-. En serio, ¡esto no es un juguete! ¿Sabes lo que vale una ginoide de ese nivel?

Miré hacia el techo, en actitud de simular estar pensando:

- Mmm... Vamos a ver, perdona... ¿Más de lo que me debéis en codificación?

Volvió a sentarse deprisa, obviamente, no le gustaba que yo recurriese a ese tema. Se dio la vuelta en su sillón giratorio dándonos la espalda:

- ¡Llévatela!

- ¿Puedo...? - Comencé a decir.

- ¡Llévatela, haz lo que quieras! ¡Tengo problemas más importantes que tratar que tus amoríos con robots!

Mi ginoide puntualizó, en sutil voz y muy suave:

- No soy un robot, señora...

Carel se volvió a mirarnos. Sus ojos echaban fuego. Sonreí, abriendo la puerta y cogiendo a mi chica:

- ¡Ya nos vamos!

Salimos recorriendo el pasillo entre tiernos abrazos, hasta que de bruces dimos con Talbot, que salió a nuestro encuentro con los brazos cruzados en actitud desafiante:

- Deberías buscarte una mujer de verdad...

La dejé atrás:

- ¡La envidia te corroe!

- ¡Sí, seguro! ¡Eso no se diferencia demasiado de una muñeca de plástico! - Lanzó.

- ¿Una muñeca de plástico sabría solucionar un polinomio de cuarto grado?

- ¿¡Qué quieres, una calculadora metida dentro de una muñeca de goma? -Me increpó.

- ¡Mírate al espejo, tal vez descubras que tú no eres más que un cubo de agua con disolución de sales y con unas cuantas mezclas de hormonas! ¡Deberías ir a unas clases de biología! -Dije, tras cerrar la puerta.

- ¿Por qué me ha dicho lo de la calculadora? -Me preguntó Atyth, al salir al exterior.

- Por despecho.

- ¿Entonces? ¿Tú crees que tengo un alma?

- Como la mía: eterna. Pero en lugar de carbono. Escrita en silicio.

Me abrazó, sonriente, y deposité un amoroso beso sobre su suave mejilla sonrojada.



| Redacción: © Bia Namaran

2 comentarios :

  1. Me ha gustado mucho el relatillo. Pero aporto una corrección, suponiendo que esa programación sea igual a la que yo conozco.

    mov ah, x B47 asigna al registro AH, el valor hexadecimal B47. El problema es que AH es un registro de 8 bit (su correspondiente de 16 es AX), y B47 es 2887 en decimal, que requiere al menos 12 bits.

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  2. jajajaja!, ya te quieres cargar a mi ginoide, eres increíble :D Solo quería que sonase a ensamblador, nada más. Lo cierto es que puse 47 porque si lo sumas, suman 11 :P Quiero pensar que una computadora capaz de trabajar con una IA avanzada no funcionará bajo el ensamblador del 8086 ni familia :D Supongo que tendrán un ensamblador y un depurador más avanzado capaz de registrar en AH el valor 8, 16, 32 o 624 bits (llegado el caso :P). Supongo también que sus interrupciones serán muy diferentes que las de un ordenador en MS-DOS (sino vaya gracia, verdad? :D), de hecho mirándolo desde un punto de vista práctico, debería parecerse más a la arquitectura de procesador de un BESM -por aquello de que ganó a los americanos en el espacio, jeje- que a la de un micro americano, aunque ese "olor" a ensamblador tenía que dárselo porque es muy atractivo, y por ello usé mnemónicos conocidos.

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