
En relojería, mundillo que, como muchos sabréis, conozco más o menos bien, existe un concepto llamado "intangible", algo inapreciable, inmaterial, e incluso subjetivo, pero que hace que el precio se eleve muy notoriamente. Para los que no lo hayáis oído nunca o no estéis acostumbrados a este mercado, os lo explicaré muy rápidamente con un ejemplo: imaginaros que adquirís un reloj de una marca un tanto desconocida, con un calibre de contrastada calidad (por ejemplo, un ETA), a un precio de 200 €. Ese mismo calibre y con ese acabado, en una marca de renombre, puede suponer tener que desembolsar 2000 €. Esa cifra que se ha disparado tanto responde a que hemos tenido que pagar "el llevar la marca". El presumir que tenemos esa marca.
Esto, que ocurre muy habitualmente en relojería y, principalmente, en relojería elitista, se extiende a otros objetos y elementos de consumo, incluso he comprobado que se hace extensible hasta el mundo de la óptica que es, junto con los relojes y otros objetos, como la joyería, donde más márgenes de beneficios se pueden obtener.
