2.11.15

Una peseta o un céntimo


El céntimo nació cojo, sin valor, inútil. Nació para redondear, para excusarse, para adornar. No puedes adquirir nada con él, no hay producto alguno que se venda "por un céntimo" pero, a la vez, en ningún sitio te lo perdonarán como te falte a la hora de pagar. Excepto en algunas tiendas de barrio, e incluso a no ser que te conozcan, las grandes superficies -quienes manejan más dinero, por cierto- no te pasarán por caja un producto que compres ni te lo dejarán llevar como te falte un céntimo para llegar a pagarlo.

La peseta es justo al revés. Nació ya en sí como moneda de cambio valiosa, y no para redondear euros y subir artificialmente los precios. Hace años podía ser lo único que llevases en los bolsillos. Bueno, de hecho antes solían dársela los padres a sus hijos para que comprasen alguna chuchería a la entrada o salida del colegio. Con una peseta podías comprar chicles, golosinas masticables e incluso alguna que otra chocolatina.




Un chupachúps valía cinco pesetas, y cuando salieron al mercado los Huesitos costaban quince pesetas. ¡Quince pesetas! Todo un mundo. Aquello ya nos parecía excesivo, un tesoro, teniendo en cuenta que un pastelito Tronkito, un Phoskitos o un Charly (que no recuerdo si era de Cropan) costaban veinticinco pesetas, ¡y a dónde se iba a comparar una simple chocolatina con todo un pastelito! El Huesitos te duraba un par de mordiscos, y el Tronkito, aprovechándolo, cuatro o cinco. Aunque el Charly no incluía pegatina, y eso era un gran hándicap a la hora de decidirse por él.

Así que podías llevar en el bolsillo cinco pesetas sueltas, y podías pasarte el rato tranquilamente con una piruleta o un chupachúps, o con cinco chicles. Hoy si llevas en el bolsillo cinco céntimos y entras en una tienda, todo lo más que puedes conseguir es que se te caiga la cara de vergüenza.


Claro que la peseta también se fue devaluando con el tiempo. Signo de lo machista que era España, a la peseta se le llamaba "la rubia". Por lo tanto uno podía llevar en el bolsillo unas cuantas "rubias". Eran las "gordas", las pesetas aquellas enormes y doradas con la efigie del "Generalísimo".

La monarquía trajo consigo "las canosas", las de aluminio del tamaño de lentejuelas ante las cuales no pocos protestaron porque se quejaban de que se les perdían por el monedero o los bolsillos y acababan desapareciendo. Poco duró la protesta, porque más pronto que tarde descubrieron que tenerlas o no tenerlas daba un poco lo mismo: a las puertas de la des-Unión monetaria Europea empezaron a perder su fuerza y acabaron abdicando ante los céntimos de hoy.


Muchos se hicieron ricos, y amasaron enormes fortunas (que se lo digan al Rato, al Boyer y a sus amigos) con la merienda de negros que acabó convertida la UE. Allí iban -y van- los políticos a pasar su época dorada con poco trabajo, viajes de placer y enormes e hinchadas nóminas. O, como los de Podemos, a amasar fortunas mientras uno tras otro van ocupando el mismo sillón mientras se llenan las carteras con los pobres y engañados (o directamente, estafados) ciudadanos europeos.

Ellos tan contentos, estando allí, tan lejos, en Bruselas a espaldas de críticas y de todo lo que pase en su país, con oficinas de representación propias, secretarias de buen ver exquisitamente seleccionadas y dotadas de buenas curvas, políglotas, y amigos por doquier para sus orgías, sus fiestas y sus comidas en restaurantes reservados específicamente a políticos y diplomáticos, de los cuales Bruselas está a rebosar.


Nadie dice nada porque quien podría decirlo también mete el cazo, y a quien le deberían dar voz no se la dan y ya se preocupan muy mucho de hacerlo callar.

Y mientras, nosotros con un céntimo. Y ellos con las VISA y las Master-Card de sus partidos. O directamente y sin reparos, del pueblo. Qué lindo todo. Si la peseta levantara la cabeza no nos reconocería ni se explicaría lo que está pasando, ni cómo ni por qué nos dejamos engañar tan fácilmente con sus cantos de sirena de nuestros corruptos gobernantes.



| Redacción: Radio Ibérica

3 comentarios :

  1. Menudo engañabobos fue la entrada en el Euro, donde este la peseta que se quite la engañifa del Euro.

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  2. Un engañabobos para nosotros claro, los políticos fueron listisimos

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    1. Todavía me acuerdo cuando se les llenaba la boca a los que manejaban los designios de Europa proclamando a los cuatro vientos las bondades del libre comercio del mercado Europeo y la igualdad entre los distintos miembros de la Unión Europea y décadas después se les ha caído la careta que todos sostenían con una mano, como en los mejores carnavales de Venecia, cuando metieron la mano en el bolsillo inevitablemente dejaron al descubierto su rostro, un rostro de Polichinela en un marco teatral que es en el que actúan.

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