6.12.15

Si no existiera Internet, ¿te habrías gastado lo que te gastas?


Dicen que somos unos delincuentes, nos llaman piratas, que por nuestra culpa han cerrado tiendas, que las multinacionales del disco han dejado de vender, que los cantantes y músicos se mueren de hambre y que a nuestras espaldas tenemos el peso de que las salas de cine sean un simple recuerdo, y de que en sus butacas crezcan las telarañas. ¿En serio? ¿La llegada de Internet nos ha ahorrado tanto dinero como nos quieren hacer creer? ¿Y la cantidad de negocios y operadores de telefonía que se están cubriendo de oro a nuestra costa? ¿De verdad Internet nos ha permitido ahorrar dinero, o más bien gastar más?

Dicen que las pequeñas tiendas tienen que cerrar por nuestra culpa. Pero el pequeño comercio y los pequeños vendedores han crecido más que nunca. Las pequeñas tiendas tienen páginas de venta, sino propias, en sitios como eBay o Etsy. Y allí hay más tiendas de las que jamás habrá en una ciudad, por grande que sea. Así que, ¿de verdad han cerrado, o nos lo quieren hacer creer?




En mi adolescencia aún no existía Internet. Las pocas cosas que me gasté en esa etapa de mi vida "por capricho" fueron una navaja suiza, influenciado por la serie del momento, Macgyver, y poco más. Llevaba mi Casio F-91 y tan contento, durante años y años estuve con él, con el solo cambio de correa en alguna que otra ocasión (y tampoco muchas veces). No sabía que existía, ni tampoco me importaba, series como G-Shock, modelos más elitistas como Edifice o ricas variantes de Data Bank. Creía que fuera del F-91, que llenaba los escaparates de las tiendas, pocos modelos más asequibles podías conseguir.

Por otra parte, en ropa otro tanto de lo mismo. Mi sitio preferido de entonces era Simago, donde me iba cuando necesitaba unas zapatillas Kelme o una camiseta de estética heavy que me encantaba. Feliz estaba yo sin conocer las Converse, sin saber qué era eso de "vintage" y sin dedicarme a investigar si mis tejanos se fabricaban aquí o en Taiwan.


De videojuegos... Bueno, tenía una consola a pilas que me encantaba, con un único juego, por supuesto, y sin color: con display dot matrix. Allí podía esquivar a coches y me pasaba horas con ella. No había Playstation, por supuesto tampoco X-Box, ni la vorágine de juegos y juegos para intercambiar. Me pasé un par de años jugando con aquella minúscula consola encantado de la vida, sin más gasto que el de las pilas de tiempo en tiempo.

Escuchaba la radio con mi receptor Philips, un viejo aparato que me habían regalado mis padres, y, cuando podía, grababa las canciones en una cinta de casete. Sabía lo último de lo último en música (más que ahora) y sin gastarme un centavo en discos, simplemente grabándola de la emisora de radio podía disfrutar al momento de la música que me apeteciera escuchar en mi walkman marca Aiwa. Solo de año en año compraba algún casete de oferta que veía en una pequeña tienda -hoy desaparecida, claro- dedicada a la venta de casetes. Pero eso ocurría muy esporádicamente, solo muy esporádicamente y cuando veía la cinta de oferta, que podía ser dos veces al año más o menos.


Yo no creo ser especial. No creo haber vivido "por encima de mis posibilidades" y, por lo que sé por mis amigos de alrededor, ellos hacían otro tanto de lo mismo. No hacíamos "competiciones" para ver quién tenía el último grito en G-Shock ni nos peleábamos por tener el último videojuego online. Tampoco nos devanábamos los sesos en pro de aquel móvil de última generación, como mucho teníamos una calculadora y ya podíamos dar gracias. Calculadora que estaba hecha añicos, escrita y garabateada por todos lados pero cuyas teclas y carcasa aguantaban como campeones, algo que no pueden decir los smartphones modernos.

Pero con Internet todo cambió. La noticia de los últimos estrenos en cartelera o de la película que parecía de trama emocionante hacía que a veces me fuera a adquirir el DVD sin pensarlo. La llegada de páginas de Casio hizo que fuera conociendo toda su línea de relojes al dedillo y me gastase auténticos dinerales en ellos. Prácticamente cobraba y les entregaba a Casio la paga al día siguiente (¡o el mismo día!), en multitud de tiendas de barrio y online. Con los ahorros que tenía los invertía en los móviles de Nokia, y cada semana estrenaba móvil nuevo. Llegué a tal punto que hasta tenía que esconder cuando me llegaban los paquetes de aquella tienda oficial de Nokia, o adquiridos en El Corte Inglés "a tocateja" y sin anclaje a operador alguno, para que no me riñeran en casa.


Con internet gastamos más que nunca. Antes nos parecía de delito que llegase a casa un recibo de la luz, agua o teléfono por valor de cien euros, ¡pero esa cantidad la llegué a pagar durante años a Telefónica por una simple conexión de datos! Inverosímil. Lo que nunca me gasté en artículos de música, ropa, deportes, aparatos electrónicos o relojes, me lo estaba gastando ahora, ¡y encima daba unos cuantos cientos de euros al ISP que me daba acceso a ellos! De locos. Y con todo ese pastizal aún me llamaban pirata, y el paranoico presidente del gobierno de turno aún se atrevía a lanzar leyes antipiratería para que le pagase más dinero aún al cantante o grupo si compraba -que tenías que comprar, si querías guardar archivos- un pendrive, un CD grabable o un disco duro. No, no son tontos los políticos. Ladrones y chorizos sí, pero tontos no.

¿Y qué pasa si sales de todo ésto? Intenta huir de Internet, salir del círculo, ya verás lo que ocurre. Hace unos días se activó en Madrid la alerta por contaminación, llegándose al extremo de no poder aparcar en el centro de la capital. El aviso oficial de alerta se dio por redes sociales. Quien no tenía internet ni se enteró. Tuvo que correr el riesgo de ser multado. En mi ciudad lo que ocurre en el ayuntamiento, nuevas normativas y la vida municipal que tanto impacta en nuestro hacer cotidiano se notifica mediante un boletín online que te envían al correo en pdf cada semana. Cuando yo era joven el boletín te lo enviaban a casa en papel, y los avisos importantes se ponían al público en paneles situados en cada barrio. Todos sabíamos dónde estaban. Y en el panel de anuncios del ayuntamiento podías informarte de impuestos, oposiciones y nuevos reglamentos y acuerdos. Eso hoy ha desaparecido. Si no tienes cuenta de correo y posibilidad de acceder diariamente a ella, ahí te pudras.


Con internet gastamos en productos más que nunca, les compramos aquí y allá, en tiendas de casa -a quien le guste lo fabricado aquí-, y en tiendas de fuera -quien prefiera algo más barato o que, directamente, aquí no se pueda encontrar-. Compramos artículos que jamás habríamos comprado porque, directamente, a las tiendas del barrio o del pueblo no llegaban. Compramos modelos porque sabemos que existen gracias a Internet, de otra forma estaríamos tan felices ignorando su existencia y con nuestro humilde, antiguo y sufrido aparato o dispositivo. Como mucho nos compraríamos tal vez alguna revista, que nos anticipará noticias de aparatos que llegarán al mercado y con los que soñaremos, pero que jamás veremos ni mucho menos tendremos en nuestras manos. Con internet, sin embargo, acercarnos a ellos es algo instantáneo. Sólo los tenemos a un paso de nuestra tarjeta de crédito, a un click de nuestro dedo. Simplemente pulsando una tecla los adquiriremos.

Y nos llaman delincuentes y piratas los que nos metieron en este tinglado, los que lo montaron para tenernos achicharrados en esta sociedad de consumo con imitaciones de productos de hace años que comprábamos "por dos canicas", y que ahora compramos a precio de oro. Ellos son los delincuentes, los piratas y los ladrones, los ministros, ministras y proveedores de Internet que viven a nuestra costa, haciendo leyes a medida para atraparte, acusándote de plagio, de descarga ilegal y de evasión de impuestos, pero que luego te acribillan en aduanas, con sus IVAs y te engañan con sus productos chinos baratos y cutres. Mientras, te espían el correo, te espían en la red social, cotillean lo que haces y hasta con quien estás. Y nos llaman delincuentes y nos dicen que estamos enfermos. Ellos son los que deberían estar entre rejas, todos esos americanos y todos sus serviles gobiernos occidentales consumistas. Ellos son a los que deberíamos encerrar y arrojar la llave luego. Y así nosotros podríamos volver a ser felices con nuestra tertulia verpertina al calor del fuego, o tomando un café con los amigos viendo jugar a nuestro equipo favorito por la tele, sin tonterías de derechos de imagen ni de sablazos y robos a mano armada de los canales de pago. Son ellos los primeros beneficiados, pero mejor hacerte creer que eres tú el culpable y el delincuente, así no te dolerá tanto soltar tu dinero mientras se ríen socarronamente tomando el sol en la terraza de sus suites de lujo.

Y lo peor es que muchos, encima, les ríen las gracias y los defienden.

| Redacción: Radio Ibérica

5 comentarios :

  1. Creo que internet ha traido cosas buenas, como poder adquirir productos difíciles de conseguir por otros canales.

    El problema, es que los grandes del comercio online, veáse Amazon, eBay, Apple, ... venden mucho en nuestro pais, pero siempre declaran pérdidas.

    Es decir, las arcas públicas no se nutren de sus ventas, como si hace el comercio local. Eso es lo que habría que controlar, y no las descargas por torrent, o los absurdos avisos de cookies.

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    1. ya te digo, lo de los absurdos avisos de cookies es para matarlos. Que ahora obliguen a poner eso... de risa.

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  2. Estoy muy de acuerdo con lo que dices en el articulo Nelbu, yo creo que todos en algún momento hemos comprado más de lo debido por querer ahorrar un poco o por aprovechar algún chollo que en realidad tampoco nos hacia tanta falta

    Internet es una herramienta fantástica para el conocimiento, para actividades profesionales y para mantener comunicaciones responsables, sin embargo yo creo que antes se vivía mejor sin Internet, teníamos menos cosas, menos conocimientos, pero éramos más libres y más felices.

    Con Internet se esta perdiendo el contacto personal y directo y se fomenta el consumo, sin embargo el verdadero punto de inflexión negativo han sido los Smartphone, son una plaga, es horrible, la gente viendo pantallas, fotografiando con el móvil….

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    1. Tienes toda la razón Apolino

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  3. Es un hecho que por ejemplo los músicos no ganen realmente por la venta de música sino por sus conciertos, ¿qué culpa tienen ellos de ser pirateados?
    Si uno no tiene dinero o lleva una vida tranquila hará gastos pero no necesariamente influenciado por la internet porque hay otros medios que lo harán (el más sencillo: otras personas). En internet no se debería compartir archivos ilegalmente, solo con eso veríamos un cambio tremendo en el comportamiento de las personas, creo que pasarían menos tiempo conectados (a lo poco que habría, la escaso contenido original como de youtube o blogs) e intentaría aferrarse a la vida.

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