7.12.15

Odio al papel


Cada vez más organismos públicos y privados declaran sus edificios "libres de papeles". Esto es: en donde todas sus gestiones se realizan de forma informatizada, mediante computadoras, con tarjetas de chips y/o bandas magnéticas, y de manera online.

Declarar un edificio sin papel en pleno siglo XXI no debería sorprendernos, de hecho ni debería ser noticia: debería ser lo más habitual.




Yo soy uno de los que mas ha estado en contra del papel, y eso lo digo con antelación para que nadie piense equivocadamente ante lo que voy a decir. El papel es sucio, caduco, lento y, además, inseguro (un documento en papel puede leerlo cualquiera, en un ordenador, sin embargo, no es tan sencillo -o no debería serlo-).

Ahora bien, a pesar de los años que llevamos con ordenadores, su historia es significativamente reciente si se compara a la del papel y a la escritura convencional en un soporte que, aparte de las limitaciones del mismo, no hay más problemas añadidos. Google, en su afán de tocar todas las teclas, inició hace tiempo el proyecto de digitalización de documentos y libros históricos, muchos de ellos incorporados a su conocidísimo Google Books. De forma sincera o tal vez escondiendo otras intenciones, ellos argumentaban que su intención era -y es- preservar digitalmente para la posteridad documentos históricos de un altísimo valor para la humanidad, además de ponerlos al alcance de todo el mundo (todo el mundo que tuviera ordenador y conexión a Internet, claro). Resulta curioso, gracioso y extraño si nos paramos a pensar que con una tecnología que cada cinco o seis años hay que actualizar (pongamos de ejemplo los doc, que ahora son docx, o los formatos anticuados de WordPerfect o Lotus Word Pro, por nombrar algunos) y cuyas versiones no solo no son capaces de leer e interpretar archivos de otras plataformas, sino ni entre sí mismos -doc no puede leer docx sin la extensión correspondiente que está en manos de Microsoft-, ahora algunos defiendan eso de querer "perseverar" lo que permaneció escrito no diez años, ni veinte, ni un siglo, sino en muchas ocasiones cinco siglos y más. ¿Qué sistema será capaz de leer dentro de cinco siglos el formato electrónico con el que ellos lo guardan? Más aún: ¿qué soporte lo podrá proteger, si una memoria de estado sólido apenas puede garantizar sus datos por diez años, como mucho?


La informática, el formato de archivo digital, aún tiene que demostrar que posee la misma capacidad de persistencia y resistencia que el papel, que lleva cientos de años con nosotros y, si incluimos la escritura en piedra, miles.

Cierto que el papel ha tenido sus complicaciones, sus mas y sus menos, ahí está por ejemplo la desaparición de la valiosa biblioteca de Alejandría por un incendio, pero eso mismo sería extensible al formato digital. Incluso sin llegar al incendio: con una simple tormenta magnética podrían destruirse en un santiamén archivos de datos que han tardado años en ser almacenados.


Actualmente se está experimentando con las llamadas bombas electromagnéticas, y solo es necesario un poco de empuje financiero (que podría ser un conflicto mundial) para que sean eficaces y una realidad. Estas bombas se "pegarían" a los centros de datos en donde se encuentren los servidores y, literalmente, los harían "fosfatina". De hecho podrían ser lanzadas desde aviones utilizando como penetrante cualquier misil o bomba anti-búnker de las existentes. Borraría datos no solo de discos duros, lanzadas en medio de una ciudad dejarían a la población "en blanco", borrando la información almacenada en memorias de estado sólido, en chips colocados en los carnets y documentación y, por supuesto, en bandas magnéticas. Todos los recuerdos de fotos familares almacenados en discos duros y pen drives se irían "al carajo". No estoy hablando de ciencia ficción, repito que la tecnología ya existe y se ha probado en tanques.

Los tanques de combate modernos, así como los puestos de mando móviles y control estratégico, hacen un uso intensivo de la informática. Estados Unidos ha probado armas de este tipo que se arrojarían a tanques de última generación, como el M1 Abrams, y se pegarían magnéticamente a su blindaje. Una vez sobre él, "estallarían" dejando al tanque completamente ciego en mitad de la batalla. Sin el sistema de guiado y fijación de blancos el Abrams estaría a la merced de sus rivales.


La informática moderna es imparable, pero la dependencia que tenemos de ella, sobrecogedora. Son muchas las voces que advierten de un futuro cataclismo tecnológico a medio plazo. Sin el soporte energético los ordenadores, por complejos y avanzados que sean, no son nada. Y un apagón puede dejar al hospital más moderno sin posibilidad alguna de atender a sus enfermos. Es multiplicar las debilidades a cambio de, lógicamente, eficiencia. O una supuesta eficiencia, porque el tiempo que se invierte en realizar todo el proceso informático es enorme. Las enfermeras de los hospitales más modernos que se gestionan al cien por cien informáticamente dedican la mayor parte del tiempo a manejar su terminal de enfermería para ir revisando, pantalla tras pantalla, lo que tienen que administrar a sus pacientes, y no para atender a los pacientes en sí. Y, al contrario que antes, eso les quita libertad de movimientos y de decisiones que una máquina no puede entender según la situación. Si la máquina no lo dice, "sino está puesto en la máquina", se lavan las manos y no hacen nada. Y como por desgracia la máquina tampoco es independiente y no hay un sistema de inteligencia artificial que pueda decidir al momento, para cambiar algo tiene que hacerlo manualmente el médico el día siguiente. Y eso si se acuerda, si alguien se lo ha dejado en su terminal anotado o si se preocupa en preguntar.

O sea,que tenemos un sistema defectuoso, una especie de híbrido con algo de lo bueno de la informática, y mucho de lo peor. Un sistema que, además, en instalación, puesta en servicio, adquisición de equipos y mantenimiento le cuesta al contribuyente cientos de miles de euros. Y para que todo se vaya al carajo un día. Casi mejor una libreta con muchas hojas, un cuaderno de apuntes, y unos profesionales incentivados. No necesitamos ordenadores, necesitamos personal que sea capaz de hacer su trabajo y quiera hacerlo, y que no se excusen en la máquina para esconder todos sus errores y los desastres de sus gestores. Porque de lo contrario no le estaremos dando el poder a las máquinas, que no son capaces de tenerlo -aún-. Se lo estaremos dando a los corruptos y estafadores que las usarán como excusa perfecta y parapeto para poder hacer, detrás de ellas, todas las maldades que se les ocurra.

Y, lamentablemente, éso es lo que está sucediendo.



| Redacción: Radio Ibérica

1 comentario :

  1. Actualmente con un par de bombas de grafito y armas de pulso electromagnético pueden inutilizar cualquier aparato electrónico, pasaríamos directamente de la era digital a la analógica, así que en una situación como esta solo sobrevivirán los que tengan tecnología analógica, ningún aparato digital funcionaria, el problema es que hoy en día todo se esta digitalizando, incluso los libros y ya vamos en camino también con los coches eléctricos, si tuviéramos una guerra electromagnética en un futuro no muy lejano el ábaco se podría convertir en la gran súper computadora.

    El IEM o Pulso Electromagnético (documental): https://www.youtube.com/watch?v=16pgreuaTxU

    Yo lo tengo claro, mientras pueda voy a convivir con lo mejor de los dos mundos (Analógico y Digital) por ejemplo, seguiré con mí reloj automático, mis papeles y libros, mí transistor analógico, mís bolígrafos… se que estos aparatos y artilugios del pasado no me dejarán tirado, para todo lo demás, lo digital.

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