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20.10.15

Solo es una máquina


"-Soy un soldado. - Dice el valiente militar frente a la terrorífica máquina de aspecto humanoide, con cuatro brazos y la cabeza llena de tubos flexibles que hacen la función de antenas, y cuyos seis ojos de fondo rojizo le miran inquietantemente desde su insensible profundidad, como un abismo de luz con fondos de brillantes piedras de jaspe. -¡Soy un soldado y sirvo a mi país!

El humano trata de librarse inútilmente del androide alienígena, vano esfuerzo que sólo le produce más dolor y sudor. De repente, con un sonido vaporoso y suave, los brazos neumáticos de la máquina se destensan, el brillo tétrico de sus ojos desaparece, y, a un lado, sonriente, aparece El Programador, surgido entre la penumbra del oscuro interior del edificio fabril. El soldado le mira, coge su arma y apunta directamente al pecho metálico del androide. Sin apagar su sonrisa, El Programador le detiene:

-¡Tranquilo! ¡Sólo es una máquina!

- ¡Es "de ellos"!

- O nuestra. Es de quienes quieran hacerse con ella".

Hace unos meses tuve que ir a gestionar unos papeles a la delegación del Ministerio de Sanidad. Fuimos mi hermano y yo, ya que ambos teníamos que realizar las mismas gestiones. En el mostrador pedimos cita, pero el funcionario nos dijo que ya no daban citas en persona, que había que solicitarla a distancia, y nos mostró un pequeño rincón en donde había una mesa con un ordenador, y, a su lado, un teléfono. Ni mi hermano, ni yo, tuvimos que discutir: cada uno sabía a dónde tenía que dirigirse. Él corrió hacia el teléfono. Yo, hacia el ordenador. Sin pensarlo.