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14.7.17

¿De verdad está usted seguro de irse?


Una de las costumbres que solemos tener los que escribimos aplicaciones informáticas es darle al usuario una "última oportunidad" para si decide arrepentirse de algo antes de cerrar la aplicación. Es lo que en el argot se denomina "diálogo de salida" y que incluso hasta algunas RADs (como Delphi) implementan entre sus eventos (el de cierre).

Este diálogo era bastante habitual (y útil) en aquellos programas escritos para DOS (o para ordenadores con un entorno no gráfico, en general), principalmente procesadores de textos. En ellos era costumbre el manejo mediante atajos de teclado ya que el ratón era más lento (y tedioso) de usar. Era común que el usuario, a veces por costumbre, otras por inercia y/o sin querer, enviase el atajo de teclado de salir antes de que se guardasen las modificaciones introducidas en el documento.

27.10.16

Por qué hay gente que tiene un odio atroz a la informática


Recuerdo muy claramente cómo, cuando yo era uno de los pocos en mi círculo de amistades que le atraía esto del "frikismo" de los ordenadores, cuando les contaba algo que tenía que ver con la informática todo el mundo daba un paso hacia atrás y se daba la vuelta asustado. Solían aducir que eso era algo muy complejo, que la informática era para unos pocos superdotados, y que no la entendían.

Algunos de ellos necesitaban (o les gustaba) acceder a las páginas web, pero no se atrevían a hacerlo solos y me llamaban para que los acompañase a algún cíber.

7.10.16

Guerra al papel (II): la sociedad de la ocultación


Durante estas semanas que he estado de médicos y harto de medicamentos y pastillas, he podido constatar algo que ha dejado de ser ya noticia: la dependencia absoluta de medios informáticos. Cuando acudí a Urgencias, ni la doctora y las ATS que me atendieron en primer lugar necesitaron nada de mí, solamente consultar su ordenador.

En el ambulatorio recuerdo con bastante claridad como, hace algunos años, había una persona encargada de llevar los historiales desde la sala de archivos hasta la consulta del doctor. Era un puesto de ordenanza que ha sido descatalogado y que ya no existe: un trabajo menos. Tengo en mi memoria aquellas carpetas de cartón con tapa rosa en cuyo interior, apilados sin orden ni concierto y reunidos en fajos grapados o mediante clips, se solapaban una tras otra páginas y más páginas de resultados de pruebas, diagnósticos, tratamientos... Según fuese tu vida sanitaria era también abultada esa carpeta. La de mi madre era un enorme amasijo de papeles.

20.10.15

Solo es una máquina


"-Soy un soldado. - Dice el valiente militar frente a la terrorífica máquina de aspecto humanoide, con cuatro brazos y la cabeza llena de tubos flexibles que hacen la función de antenas, y cuyos seis ojos de fondo rojizo le miran inquietantemente desde su insensible profundidad, como un abismo de luz con fondos de brillantes piedras de jaspe. -¡Soy un soldado y sirvo a mi país!

El humano trata de librarse inútilmente del androide alienígena, vano esfuerzo que sólo le produce más dolor y sudor. De repente, con un sonido vaporoso y suave, los brazos neumáticos de la máquina se destensan, el brillo tétrico de sus ojos desaparece, y, a un lado, sonriente, aparece El Programador, surgido entre la penumbra del oscuro interior del edificio fabril. El soldado le mira, coge su arma y apunta directamente al pecho metálico del androide. Sin apagar su sonrisa, El Programador le detiene:

-¡Tranquilo! ¡Sólo es una máquina!

- ¡Es "de ellos"!

- O nuestra. Es de quienes quieran hacerse con ella".

Hace unos meses tuve que ir a gestionar unos papeles a la delegación del Ministerio de Sanidad. Fuimos mi hermano y yo, ya que ambos teníamos que realizar las mismas gestiones. En el mostrador pedimos cita, pero el funcionario nos dijo que ya no daban citas en persona, que había que solicitarla a distancia, y nos mostró un pequeño rincón en donde había una mesa con un ordenador, y, a su lado, un teléfono. Ni mi hermano, ni yo, tuvimos que discutir: cada uno sabía a dónde tenía que dirigirse. Él corrió hacia el teléfono. Yo, hacia el ordenador. Sin pensarlo.