
Yo tuve la desgracia (o la suerte, depende) de pasar los años de mis estudios básicos en un clima de gran depresión. Eran los años de la reconversión industrial y naval, que dejó a los astilleros en la cuerda floja y enviaron a miles de trabajadores al paro. En una ciudad portuaria como era donde yo vivía, aquello afectaba a muchas familias y, por supuesto, a muchos de mis amigos y compañeros.
Ya por aquel entonces recuerdo cómo nuestro profesor nos hablaba del turismo como una de las soluciones y de las salidas para nuestro futuro y, en realidad, para regiones como la nuestra.