
Cada vez más organismos públicos y privados declaran sus edificios "libres de papeles". Esto es: en donde todas sus gestiones se realizan de forma informatizada, mediante computadoras, con tarjetas de chips y/o bandas magnéticas, y de manera online.
Declarar un edificio sin papel en pleno siglo XXI no debería sorprendernos, de hecho ni debería ser noticia: debería ser lo más habitual.