
Por fin he podido sacar tiempo para leer el suculento libro que tenía esperando desde hace unos días, y al que quería hincarle el diente y saborear todo el menú que entre sus páginas su autor, Alejandro Suárez Sánchez-Ocaña, promete habernos preparado para que disfrutemos casi sin la posibilidad de pararnos para tomar aliento, porque su temática es enormemente apasionante, y, además, muy importante, porque afecta a nuestra seguridad, a la seguridad de todos los ciudadanos que accedemos a Internet (sea desde la herramienta o dispositivo que sea) y también a gobiernos, a países enteros.
Aunque el libro me ha encantado (es uno de los que más me ha gustado de Alejandro Suárez), voy a empezar duro -porque sino no sería propio de mí, ya sabéis que no me gusta dejar "títere con cabeza"- y empezaré poniendo en entredicho el título. No el título en sí, sino "ese quinto elemento" al que Alejandro le da la sustancia y lo nombra como "Internet". Y en efecto: lo que no entiendo es que en la página diecisiete, dentro de la introducción, al quinto elemento Alejandro le da ese nombre de Internet. No estoy muy de acuerdo en esa definición, ya que pienso que el quinto elemento debería ser el ciberespacio en su conjunto, es decir: debería de ser algo más genérico y global. Por eso yo lo llamaría, a ese "quinto elemento", el ciberespacio. El ciberespacio es algo más elemental (y de eso estamos hablando: de elementos). Si hablamos de internet, es reducirlo a una conexión, a un simple y básico sistema de ordenadores conectados, sin embargo el ciberespacio es mucho más amplio. Una persona que se descarga un programa o una aplicación en su smartphone, y esa aplicación incluye malware que lanza algún tipo de ataque, puede que no esté conectado todo el tiempo -esa persona- a Internet, y el ataque sea efectivo igualmente en el espacio virtual de su sistema, de su red LAN o WLAN. Por lo tanto no debería ser internet el quinto elemento -o eso opino-, sino que debería ser más bien todo el ciberespacio como un terreno básico, un sustrato, en el que dispositivos de todo tipo, interconectados o no, coexisten.