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20.1.18

Donar relatos


Hace pocos días me escribía al correo una señora pidiéndome que, si era posible, le enviase la novela de "El Imperio". Admito que cuando me llegan propuestas de este tipo (ya llevo unas cuantas) me cuesta bastante decirle que no a la gente y negarme, y darles a entender que, si quieren esos libros, los compren (algunas veces, no obstante, lo he hecho, y les he remitido al link de Amazon). Pero también es cierto que no escribo para hacerme rico, y el hecho de usar Amazon es para que pueda al menos, de algún modo, sentirme escritor (un escritor que no gana nada con lo que hace no deja de ser un mero "amateur" o aficionado). Aunque, obviamente, respeto la decisión de cada uno (conozco buenos escritores que dan gratis lo que escriben..., y también a la inversa: escritores que venden a precio de oro "cuatro párrafos" que publican).

El caso es que esta señora me conmovió, porque no solo había leído el libro de "El jefe infiltrado", sino que tanto le había gustado que se molestó en buscar más, y dar con "El Imperio" (algo nada fácil, dicho sea de paso, si no me sigue habitualmente ni lee mi Twitter o/y mi blog).

14.10.17

¿Qué pasaría en caso de guerra España-Cataluña? ¿Qué ocurriría con la tecnología?


A falta de 48 horas para que expire el plazo y el Gobierno catalán responda al ultimátum del Gobierno español con el fin de que se vuelva atras en sus intenciones soberanistas, es un buen momento para recapacitar o reflexionar sobre algo que, seguramente, durante estos días a muchos se les ha pasado por la cabeza. Supongamos que a ese "ultimátum" (entendido formalmente como "requerimiento") el ejecutivo catalán haga oídos sordos. Acabadas todas las vías diplomáticas que los políticos hayan sido capaces de abrir, el conflicto catalán se extiende. Puigdemont, apoyado por su partido y con el refuerzo de independentistas como la CUP, continúa adelante con su proyecto de nacionalismo y le planta cara al Gobierno español con todas sus consecuencias. Las tropas españolas se preparan para entrar en Cataluña y derrocar por la fuerza a los líderes de la Generalidad.

Es un escenario hipotético que, por supuesto, confiemos en que no ocurra, pero ya se están dando los preparativos para que así suceda. La ministra de Defensa no ocultó que las Fuerzas Armadas están ya dispuesta para responder a cualquier orden desde el Ejecutivo, y "el brazo armado" de la Generalidad, sus Mossos de Esquadra, poseen el suficiente arsenal como para resistir. El conflicto bélico, por ello, está sobre la mesa y es algo que no podemos ignorar.

4.10.17

Diferencias llamativas entre los mensajes del rey Felipe, y el presidente catalán Puigdemont


A veces la actualidad manda, y en Gaceta Ilustrada no podemos ser ajenos a ello. Por lo tanto, y aunque en asuntos de política como el referéndum o la independencia catalana no creo que sea adecuado ahora entrar (y tampoco nos incumbe, que para eso están personas en instituciones, y políticos en partidos -muy bien pagados en ambos casos, por cierto- destinados y con el papel de afrontar este tipo de situaciones), creo que sin embargo sí conviene señalar algunos aspectos que nos han llamado la atención.

Fiel a nuestra filosofía de "contar lo que otros no cuentan" y destacar lo que para otros pasa desapercibido, hay detalles que no he oído mencionar, ni he leído en ningún medio escrito, de los mensajes oficiales tanto del rey de España Felipe VI, como del presidente catalán Carles Puigdemont. Son detalles que evidencian bastante claramente dos formas bien distintas no solo de enfrentarse a las situaciones, sino de ser de cada uno. Vamos, pues, a describíroslos.

30.9.17

Hay que tener estómago a veces para escribir


A veces es muy duro ponerse a escribir de temas triviales, como si tal cosa. Cuando ves la realidad, y que parece que no le importa a nadie ni para nadie, se hace muy duro y a uno le surgen muchos interrogantes.

Os explicaré. Muchas veces, entrada la noche, regreso de una ermita que a veces suelo visitar, a las afueras. Hoy he hecho ese paseo lloviendo, y mientras caminaba me encuentro con escenas habituales que se suelen ver cada día: un hombre viviendo en un coche, en un aparcamiento. Un chico joven, que suele refugiarse en un cajero, con cartones, para pasar la noche. Un anciano, que salta la valla enrejada de un portal para dormir en un rincón rodeado de botellas de alcohol para olvidar sus problemas. Y una chica, con un saco de dormir, tosiendo acurrucada en las puertas de una iglesia, a esas horas, obviamente, ya cerrada.

27.9.17

¿Estamos hartos ya de todo?


Lo que cada vez me resulta más evidente y obvio es el hartazgo que, por lo general, tiene la gente. Ya hay pocas cosas que les impresionen, poco que les haga vibrar y que les llegue al corazón. Me estoy refiriendo a los medios de comunicación, en donde esto queda muy patente.

Hace ya bastantes años, recibía una humilde revista de poesía, hecha a mano y con sus hojas escritas a máquina. En ella colaborábamos asiduamente poetas, y recuerdo la ilusión que me producía verla en el buzón. Hoy en día con internet tenemos a nuestra disposición tal cantidad de periódicos, blogs, magacines y páginas, que ya no les damos ninguna importancia, por mucho empeño que pongan sus autores en realizar una publicación de calidad.

10.8.17

Para morir santamente, hay que vivir santamente


Por regla general si has tenido una vida de pecado, morirás en pecado. Solo en algunas pocas ocasiones (que no suelen darse de manera habitual) quien vive ofendiendo al Señor termina sus días arrepentido. "Os llamé -dice Dios- y pues me rechazásteis, yo también me reiré en vuestra muerte", se nos dice en Pr. 1, 24-26. Y San Juan Bautista María Vianney decía: "Cuanto más lejos lleguéis en vuestros extravíos, más merecedores os haréis de que Dios se aparte de vosotros y os abandone. Concluyo, por tanto, que cuanto más retraséis vuestro regreso a Dios, mayor es el peligro de no convertiros nunca".

Pero aparte de eso, la verdad es que ni la persona más santa puede estar segura de su salvación, o de tener una muerte apacible. De San Felipe Neri se menciona que solía decir antes de cruzar la puerta para salir a la calle: "sales cristiano, tal vez volverás a entrar como un pagano, después de haber renegado de tu Dios". Un día que pensaba que estaba solo, se puso a clamar: "¡Ay!, ¡estoy perdido, estoy condenado!". Alguien que le oyó, se acercó a decirle: "Amigo, ¿es que desesperáis de la misericordia de Dios?", a lo cual el santo respondió: "no es que desespere, sino que espero mucho; digo que estoy perdido y condenado si Dios me abandona a mí mismo, cuando considero que tantas personas habían perseverado hasta el fin, y una sola tentación las perdió, esto es lo que me hace temblar noche y día, temiendo ser del número de esos desgraciados".

21.7.17

¿Por qué los que estudian en colegios "de curas" acaban odiando la religión?


Durante estas vacaciones muchos serán los chavales que se inscribirán y pasarán (o habrán pasado ya) algunas semanas en campamentos de verano (o de invierno) organizados por órdenes y/u organizaciones religiosas. Los claretianos, salesianos, y muchas diócesis, organizan ese tipo de campamentos en donde, a primera vista, todo el mundo sale ganando: los chavales se distraen, a los padres se les quita un peso de encima porque así pueden tenerlos ocupados en unos meses en los cuales no hay colegio, y los organizadores se sacan un dinero, que nunca viene mal.

El problema es que, la mayoría de esos campamentos -sino todos, al menos todos los que he visto- apenas se diferenciarían de cualquier otro campamento secular organizado por cualquier asociación de lo más pintoresca. Campamentos que podrían ser aprovechados para la salvación, la catequesis, y el crecimiento espiritual de los muchachos, son la mayoría de las veces usados simplemente para fiestas, comilonas, excursiones, bailes, "ligoteos", escarceos, gamberradas y actividades parecidas con el único fin de "matar el tiempo", lo cual no está mal, pero ¿qué diferencia, entonces, un campamento organizado por unos religiosos, de otro cualquiera? En muchos de los casos, nada. No hay ninguna diferencia.

22.4.17

La mala educación de algunos conductores cuando te invitan a su coche


Una de las cosas que más rabia me da es cuando alguien viene a buscarme en coche, y tras quedar unas horas (o un día, o varios) antes, aparece con el asiento del copiloto lleno de "porquería": bolsas, libros, juguetes de los críos... De tal manera que, antes de sentarme, tiene (o tengo) que andar desocupándolo todo.

Probablemente la gente que hace eso lo hace sin darse cuenta, por supuesto, pero: ¿no saben que van a ir a buscarte, y que te vas a sentar ahí? ¿Por qué antes de salir, o de arrancar, no se ocupan en poner todos esos trastos en los asientos de atrás? No creo que les cueste nada y así cuando lleguen a tu lado, no tendrás que esperar delante con la portezuela abierta a que desocupen todo el asiento, con las consiguientes molestias no solo para ti, sino para ellos mismos que a veces tienen que aparcar en sitios complicados o con vehículos detrás.

6.4.17

Estar en el mundo para comer arroz (yVII): la muerte NO es la muerte


Tal y como hemos podido ver y explicar hasta ahora, dado que la presente vida no es la vida, tampoco esta muerte es la muerte. La muerte, en efecto, no es la muerte. ¡Qué pesadilla se nos quita de encima! La certidumbre de la muerte, que pesa sobre el hombre desde el día en que adquiere uso de razón; que por la mañana le impide prometerse ver la noche, y por la noche le deja incierto en si despertará vivo por la mañana; este pensamiento, que todo lo que vemos, todo lo que oímos nos lo trae a la memoria a pesar nuestro, es para los mismos incrédulos una fuente inagotable de terrores, tristezas y fastidio. Es, vuelvo a decir, la pesadilla de la humanidad.

La muerte no es la muerte. El que se muere no cesa de vivir. ¡Qué inmenso consuelo! Henos aquí en una cámara mortuoria, sobre el lecho fúnebre acaba de espirar un padre, una madre, un hermano, una hermana, tiernamente amados. La esposa, los hermanos, las hermanas, los niños huérfanos, desde hoy, sumidos en el dolor, lloran al que acaban de perder, y que deja en torno de ellos horrible vacío.

5.4.17

Estar en el mundo para comer arroz (VI): un reloj que no tiene relojero


Si, pues, uno se pone a recorrer todas las comarcas del mundo, y dirigiéndose a cada uno de los millones de individuos de todo rango, de toda edad, raza y color que se mueven sobre la superficie de la tierra, les pregunta: "¿Qué eres?", no hay nadie que no te deba responder: "Soy un sentenciado a muerte". Sí, sentenciado a ser despojado de todo, separado de todo, olvidado de todos, devorado por los gusanos y reducido a polvo. ¡Oh miseria del hombre! ¿Para qué juicios, para qué sentencias justas e injustas de jueces, para qué cárceles? ¡Todos estamos sentenciados a muerte, quiera la justicia humana o no!

Por consiguiente, considerada en sí misma esta vida, no es la vida. No es la vida, puesto que no tiene nada de lo que la constituye, ni en cuanto al espíritu, ni en cuanto al cuerpo, ni en cuanto al goce, ni en cuanto a la duración.

4.4.17

Estar en el mundo para comer arroz (V): un día entre dos eternidades


Nada es permanente debajo del sol. En esta palabra fatal se encierra la segunda razón de que la felicidad, y por consiguiente, la vida, no pueden encontrarse sobre la tierra. La ley de inestabilidad y de muerte que pesa sobre todas las cosas del tiempo, forma la pesadilla inexorable de que no podrán jamás verse libres los amantes de las bagatelas mundanas, por muy fascinados que estén.

Refiere la historia que Caracalla, hijo del emperador Septimio Severo, dio de puñaladas a su hermano Geta en el regazo de su madre. Desde aquel momento, el asesino creía oír una voz que por todas partes le perseguía repitiendo sin cesar: "Bébete la sangre de tu hermano"; o más bien, como dice con más energía el texto: "Bébete a tu hermano: Bibe fratrem".

3.4.17

Estar en el mundo para comer arroz (IV): la penosa condición humana


El mayor de todos los errores es creer que ésta vida es la vida.

La mayor de todas las desdichas es obrar en conformidad a ese error.

Tal es la fascinación que sobre esto tiene el mundo actual, que jamás ningún grito de alarma habrá sido menos escuchado.

Si te preguntas por qué esta vida no es la vida, la vida verdadera, la vida propiamente dicha, la vida tal como la exigen la idea de Dios, que es quien la da, y la naturaleza del hombre, que la recibe. A mi vez yo te pregunto por qué razón el niño no es el hombre, y el arroyuelo no es el río, y el crepúsculo de la mañana no es la luz del medio día. Tu respuesta, será la mía. La vida de acá no es la vida, porque, o le falta, o no tiene sino muy imperfectamente, lo que constituye la vida. Me explicaré.

2.4.17

Estar en el mundo para comer arroz (III): la soberbia


La soberbia de la vida es la tercera concupiscencia. Todos los días puedes verla con tus ojos y oírla con tus oídos. El mendigo hambriento no pide con tanto anhelo el pan que necesita para vivir, como los esclavos de las dos primeras concupiscencias van buscando, unos los placeres sensuales, otros las riquezas. Tienen hambre y sed de esto; hambre insaciable y sed inextinguible; hidrópicos que cuanto más beben más sed tienen. Pues éstos encuentran en la soberbia de la vida el mejor medio de tener en abundancia placeres y riquezas.

Adorarse a sí mismo en sus ideas, en su talento, en sus cualidades físicas o morales, en su excelencia, en su verdadera o pretendida superioridad: esto es la soberbia de la vida. Autoridad, honores, consideraciones y alabanzas: eso es lo que quiere. Alzarse a los más altos grados de la escala social, tener en sus manos la posición presente y futura de una turba de subordinados, manejar arbitrariamente los negocios públicos o privados, a veces poseer o compartir el poder soberano; ciego es quien no vea en esto el medio más poderoso de satisfacer ampliamente la doble concupiscencia de la carne y de los ojos.

1.4.17

Estar en el mundo para comer arroz (II): la avaricia


El gran error consiste en pensar que no hay más que esta vida. Y tan pronto como uno se deja dominar de él, su locura se manifiesta por actos extraños: está desconocido. Semejante a los sacerdotes de los ídolos, que escudriñaban minuciosamente las entrañas de las víctimas para investigar en ellas la verdad, ¿no le ves arrojarse como un desesperado sobre las criaturas buscando en ellas la felicidad, el goce, la vida, en fin?

El esclavo encadenado a la rueda de molino, el demente que bañado en su sudor se consume por agotar un pozo que nunca verá seco, son débiles imágenes de la asiduidad, la fatiga, el ardor febril del infeliz fascinado. Trabajando noche y día en los ríos, en los mares, en los ferrocarriles, en las entrañas de la tierra, no deja que descansen sus miembros, y menos su cerebro.

31.3.17

Estar en el mundo para comer arroz


Cuentan que un misionero, estando realizando su trabajo en China, le preguntó a uno de los ciudadanos de Pekín: "¿Para qué estás en el mundo?" A lo cual le respondió: "Para comer arroz". Entonces miró a otro, y se dirigió a él, preguntándole: "Y tú, ¿qué religión tienes?" "Mi religión" -contestó, acariciando con ambas manos su prominente barriga- "es comer bien y beber bien, y digerir bien y dormir bien". "En tal caso tienes la misma religión que aquellos bueyes que pacen allá abajo en la pradera" -concluyó el misionero. Y entonces el chino se apartó riéndose del bárbaro que había hecho un viaje de cuatro mil leguas para ir a enseñarle a él, todo un habitante del celeste imperio, que el hombre es otra cosa que una bestia, y tiene otro destino que pacer hierba o comer arroz.

El error que consiste en creer que esta vida es la vida, es el más desastroso de todos los errores. ¿Quieres convencerte de ello? Colócate con el pensamiento en la cima de las más altas montañas del globo, y desde allí, recorre con tu vista todas las naciones, y considera lo que ocurre.

11.1.17

Una obra de misericordia para comprar un milagro


No se si es por mi aspecto grunge, o porque mi rostro inspire confianza (o compasión, a saber), lo cierto es que a veces se llegan a mí personas con las intenciones más insospechadas. Por supuesto, también policías pidiéndome el DNI, pero ese es otro cantar.

Esta misma mañana viví una situación de esas. Entraba yo a la parroquia para hablar con un sacerdote, cuando al no verle decidí esperar en los bancos, y aproveché para orar. He aquí que se acerca una señora, de unos sesenta y pico años (no más), y me pregunta si conocía a alguien que no tuviera dónde vivir, para ofrecerle su piso. Me quedé a cuadros, sin poder reaccionar, como cuando te preguntas: "¿realmente ésto me está ocurriendo a mí?". La primera reacción que sentí fue la de alzar mi mano y decirle: "¡yo, yo!". Pero me contuve, me dije: "espera, espera, no te dejes llevar por la emoción que ya tienes unos años como para creer en fantasías".

20.12.16

Los mejores regalos ya los tienes contigo


Abrí el regalo y casi me dieron ganas de tirarlo a la papelera. Era un portaminas y un bolígrafo, que hacían referencia a mi afición por la escritura, en un bonito estuche carmesí. Le dije a mi madre que dónde había comprado "aquella basura". Ella se sorprendió y me respondió que lo había hecho en una librería cercana. No era en unos grandes almacenes, en una tienda de los chinos o en una tienda de baratijas tan habituales ahora. No. había sido en una tienda "seria" y dejándose aconsejar por la dependienta. Como hacía siempre mi madre.

Yo, como tantos hijos, tan desagradecidos, ni me puse a pensar en ello. Usé el bolígrafo de malas maneras, descuidándolo. El portaminas lo perdí por ahí.

16.12.16

El canal de Adan en Youtube (STC)


Son ya treinta las emisiones que el canal STC lleva difundidas en la plataforma de vídeos de Youtube. No creo que haya mucha gente que lo desconozca (al menos entre quienes nos visitan) pero por si acaso voy a hablaros un poco de él y, cómo no, recomendároslo. Al menos, que le echéis si podéis un vistazo.

Se trata de un canal con contenido dispar pero en el que Adan muestra, principalmente, sus reflexiones, la mayoría en torno a temas de candente actualidad.

9.12.16

No te lee "ni el Tato"


Cuando tuve que avisar que me iba por un tiempo de este blog, dejé la última entrada en poco menos que 20 visitas. Pensé que este blog (por tratarse de algo de temática personal, contar mis vicisitudes, preocupaciones, quizá algunas recomendaciones sueltas, consejos y anécdotas, pero no hacer lo que en el argot se llaman "artículos percha", es decir, artículos pensados y diseñados solamente para despertar el morbo o para hacer que pinches en el enlace y entres a leerlo) tenía un tipo de visitas enormemente limitadas.

Pero hace pocos días estuve en un blog en el cual hay personas invirtiendo una cantidad de dinero reseñable para darlo a conocer (y muchas horas), profesionales de calibre, con buena trayectoria profesional y una cuidada formación universitaria, y aproveché para mirar un poco sus estadísticas. Sus entradas, por lo común, no superaban el centenar de visitas. De hecho la mayoría se quedaban por la mitad de esa cifra.

3.11.16

Tus preciadas posesiones


Desde que conocí la historia de José Antonio, me he echo muchas veces esta pregunta: ¿Podría yo hacer lo mismo? ¿Podría, en un momento dado, desprenderme de todo? Cuando hablo "de todo" no hablo de cuatro o cinco cosas sin las que más o menos todos podríamos pasar, pero ¿podría desprenderme de todo lo que he ido acumulando, y largarme un día "con lo puesto"? Desprenderme de cosas que me gustan mucho -puede que para otros no tengan valor alguno, claro, las tendrán otras-, como mi cuadro de bici de aluminio 7005 que tanto me costó conseguir, el casco integral de descenso por el que tanto ahorré, mi preciado Casio Pro Trek, mi ordenador portátil que tanto ha sufrido conmigo... Y hasta mi agradecida e irrompible afeitadora compacta Philips de los ochenta.

Cuando se levantó el muro de Berlín, y durante los años posteriores, muchos tuvieron que enfrentarse también a esta tesitura. A los pocos meses antes de destruirlo, cuando las autoridades relajaron los controles y la vigilancia en algunos puntos alrededor de la ciudad (no cerca de los pasos fronterizos, el famosísimo Checkpoint Charlie), fueron muchos los de Berlín oriental que pasaron en tropel al lado occidental. Colgadas de las estatuas, de los postes, de las señales de carreteras, e incluso de ramas de los árboles, dejaban cadenas y candados, y las llaves de sus casas, y de sus preciados coches, para que quien quisiera las recogiera y usara esas pertenencias. Marchaban con lo básico.