
Cuando empezaba en el mundo de la bicicleta el acero era totalmente denostado. Mi antigua bici, una BH Force, era una MTB con un pesadísimo cuadro de acero. Creo que toda ella pasaba de los 17 kilos de peso, y eso que la había mejorado añadiéndole partes de equipamiento de uno de mis grupos de Shimano preferidos de la época, el Deore LX.
Por aquel entonces el aluminio era el elemento rey, uno de los materiales con los que se hacían las bicicletas más elitistas. En los ochenta fue sin duda el protagonista de las bicis más avanzadas, y los cuadros de aluminio eran el sueño de todo biker que se preciase. Desde los años noventa en donde aparecieron los cuadros de titanio, y luego, a finales, los de carbono, el aluminio ha pasado a un segundo plano, por otra parte, el acero ha ido quedándose en las bicis de gama más baja e, incluso, ha desaparecido de la mayoría de los fabricantes de renombre de bicicletas.