
Una de las cosas que más me horrorizaba cuando estaba en blogs comerciales eran los posts basados en listas. No se si los sabréis, pero los llamados artículos-lista son una de las estrategias más exitosas para ganar audiencia. Por alguna extraña razón, la gente se siente más atraída ante un artículo que se titule "10 cosas que hacer en verano", "los 20 tipos más altos del mundo" y gilipolleces parecidas, que si se titula de otra forma. Hay rankings que viven de ellas, por ejemplo las listas Forbes (donde se publican los mayores multimillonarios del planeta), o el libro guinnes de los records (donde aparecen las hazañas más estúpidas que el ingenio humano sepa inventar). Incluso hay periódicos enteros dedicados a listas, como BBC Mundo, en donde es muy habitual ver cómo publican listas y más listas en cuanto la audiencia tiende a bajar.
Personalmente las listas no me gustan porque es como escribir para estúpidos, y no deja nada a la imaginación ni a la destreza del reportero ni del redactor. Todas siguen el mismo esquema, el mismo patrón, y son aburridísimas: buscas la información de cualquier lado (por ejemplo, plantas venenosas), y de ellas sacas una lista con las diez que más te apetezcan. Otro tanto de lo mismo con los autos más rápidos, o con los camiones más grandes. Porque otro defecto de las listas es ese: la inexactitud. Si uno se para a pensarlo, buscar las diez plantas más venenosas no es tan sencillo: ¿por qué características las clasificamos? ¿Cantidad de veneno? ¿Eficiencia en su actuación? ¿Toxicidad? ¿Tiempo de respuesta? ¿Acceso a contravenenos o antídotos?


