
La gente se extraña cuando les digo que siempre voy sin dinero, pero es verdad. Desde muy pequeño me acostumbré a salir sin un centavo, primero porque simplemente no tenía ni una mísera moneda, y luego porque me causaba una sensación horrible llevar dinero conmigo. Resulta curioso que en mis cuarenta y tantos años nunca necesité recurrir al dinero cuando salía, y siempre me las arreglé, de una u otra manera, sin nada.
Las únicas veces que lo necesité es cuando me encontraba con antiguos compañeros de trabajo (o profesores) y me animaban a ir a tomar algo en algún bar para rememorar tiempos pasados. Ahí me encontraba ciertamente en apuros, y hablo en pasado porque actualmente ya directamente les digo -por si aún no lo saben- que no entro a bares. Si les dices que no llevas dinero -lo cual es verdad- no se por qué todo el mundo piensa que lo que no quieres es pagar (como si me volviese más pobre por tomar un café...), y casi les obligas a tener que invitarte, con lo cual te sientes más comprometido todavía.