
Durante buena parte de esta semana he tenido bastantes problemas, de ahí que no haya actualizado el blog (ni este ni los otros) tanto como quisiera. No os los voy a contar porque tampoco os quiero amargar con mis cosas (además, ya existen suficientes preocupaciones en el mundo y seguro que vosotros tenéis también vuestros combates personales, para oír los de los demás), pero en esos momentos que tenía que estar lejos de mi casa (bueno, "mi casa", digo mi casa, pero más bien debería decir "donde tengo el ordenador") y por ahí perdido, en sitios lo más lejos que podía para encontrar al menos unos instantes de paz, una de las cosas que he llevado conmigo ha sido mi caja personal con el fineliner.
Para algunas personas les resulta raro que yo incluya un fineliner en un estuche y que sea este "artilugio" lo que lleve conmigo. Pero tiene su razón de ser. Gracias a mi admirado José Naranja descubrí hace tiempo la caligrafía. Por supuesto yo estoy aún muy lejos de llegar a donde está él, pero me sirve de inspiración y en esos momentos me relaja enormemente sentarme y escribir algunos pensamientos, frases o pequeñas poesías, con técnica caligráfica cuidando cada elemento del texto.