
Abrí el regalo y casi me dieron ganas de tirarlo a la papelera. Era un portaminas y un bolígrafo, que hacían referencia a mi afición por la escritura, en un bonito estuche carmesí. Le dije a mi madre que dónde había comprado "aquella basura". Ella se sorprendió y me respondió que lo había hecho en una librería cercana. No era en unos grandes almacenes, en una tienda de los chinos o en una tienda de baratijas tan habituales ahora. No. había sido en una tienda "seria" y dejándose aconsejar por la dependienta. Como hacía siempre mi madre.
Yo, como tantos hijos, tan desagradecidos, ni me puse a pensar en ello. Usé el bolígrafo de malas maneras, descuidándolo. El portaminas lo perdí por ahí.