
Cuando falleció mi madre algunos de mis hermanos no se quedaron en un situación demasiado agradable, hasta tal punto que se llegaron a ver obligados a tener que solicitar ayuda a los servicios sociales para poder hacer frente a los gastos básicos como es la luz, el agua, y demás.
No es que tuvieran altas facturas, más bien al contrario, pero ni aún así podían hacerles frente.
En los servicios sociales tras llevarles una montaña de papeles, una auténtica brutalidad de burocracia, de todos los organismos públicos habidos y por haber con el fin de asegurarse -según los asistentes sociales- que lo dicho sobre su situación era tal como mis hermanos lo describían, y tras esperar varios meses en la cuerda floja, finalmente les llegó concedida la ayuda.