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21.3.17

Ya soy "oficialmente" pobre (o más que pobre...)


"Pobre" no es solamente una palabra, un término que a veces usamos bastante a la ligera para definir alguna condición o destino desacertado ("pobre televisor", "pobre auto",) sino, para muchas personas, es una agria realidad palpable y diaria. No se si muchos lo sabréis -supongo que sí, porque es bastante conocido- que, cuando estás a punto de "salirte" de la sociedad y convertirte en algo así como en un "paria", hay un reconocimiento oficial para tal condición. Se denomina Certificado de Riesgo de Exclusión Social. Un nombre larguísimo (y muy incómodo, la verdad) que aún así no refleja claramente todo lo que lleva detrás y lo que implica que te lo den. Aquí os muestro el mío.

Este certificado más o menos confirma que estás a punto de quedarte al margen de la sociedad, fuera de ella, con todas sus consecuencias.

11.1.17

Una obra de misericordia para comprar un milagro


No se si es por mi aspecto grunge, o porque mi rostro inspire confianza (o compasión, a saber), lo cierto es que a veces se llegan a mí personas con las intenciones más insospechadas. Por supuesto, también policías pidiéndome el DNI, pero ese es otro cantar.

Esta misma mañana viví una situación de esas. Entraba yo a la parroquia para hablar con un sacerdote, cuando al no verle decidí esperar en los bancos, y aproveché para orar. He aquí que se acerca una señora, de unos sesenta y pico años (no más), y me pregunta si conocía a alguien que no tuviera dónde vivir, para ofrecerle su piso. Me quedé a cuadros, sin poder reaccionar, como cuando te preguntas: "¿realmente ésto me está ocurriendo a mí?". La primera reacción que sentí fue la de alzar mi mano y decirle: "¡yo, yo!". Pero me contuve, me dije: "espera, espera, no te dejes llevar por la emoción que ya tienes unos años como para creer en fantasías".

1.9.16

Mi preciosa amiga


Recuerdo con cariño a mi amiga Jade. Todos la conocíamos por ese nombre, aunque en realidad su nombre real era otro. Ella sí tenía problemas para conectarse a internet o para coger un ordenador y, aún así, solía siempre lograr estar online. Tenía sus recursos, y la verdad que sabía aprovecharlos, unidos a su inteligencia. Por desgracia eso servía de poco ante lo mucho que la azotaba y la masacraba la vida.

Cuando la conocí ella tenía veintipocos años, aún estaba en esa edad donde las chicas comienzan a deslumbrarse con su propio cuerpo, y recuerdo que compartía con algunos de sus amigos más cercanos fotos que se hacía con el móvil mostrando sus exuberantes, mareantes y sublimes curvas de mujer.

21.2.16

Esto sí es Ley de Transparencia, y lo demás son historias


Cuando falleció mi madre algunos de mis hermanos no se quedaron en un situación demasiado agradable, hasta tal punto que se llegaron a ver obligados a tener que solicitar ayuda a los servicios sociales para poder hacer frente a los gastos básicos como es la luz, el agua, y demás.

No es que tuvieran altas facturas, más bien al contrario, pero ni aún así podían hacerles frente.

En los servicios sociales tras llevarles una montaña de papeles, una auténtica brutalidad de burocracia, de todos los organismos públicos habidos y por haber con el fin de asegurarse -según los asistentes sociales- que lo dicho sobre su situación era tal como mis hermanos lo describían, y tras esperar varios meses en la cuerda floja, finalmente les llegó concedida la ayuda.

24.1.16

El centro de detención (o lo que hay detrás de la vida que vives)


En estas últimas fechas he oído a mucha gente cercana a mí eso de: "es mejor ponerse a robar, vas a la cárcel pero al menos te dan comida y un techo", o: "estoy pensando en atracar en algún lado y que me metan en la cárcel, al menos luego salgo con la paga del paro", entre muchas otras cosas. La verdad es que casi nunca les respondo porque, en ocasiones, me encuentro tan bajo de moral que llego a pensar así.

Sin embargo, por desgracia, ni las cárceles son tan bondadosas ni la policía tan estupenda. Normalmente las primeras son un nido de serpientes, y los segundos altivos y engreídos, como si tuvieran el mundo a sus pies y la ley en sus manos.