
Sin darnos cuenta, casi sin notarlo, sin apenas caer en la realidad que ante nuestras narices acontece, estamos siendo testigos de una amenaza a la pérdida de conocimiento solo comparable a la de la biblioteca de Alejandría. Lo más curioso es que no parece importarle a nadie.
¿A qué me estoy refiriendo? A la pérdida de los escritos y publicaciones de personas anónimas en internet.