20.12.16

Un paseo por tu antiguo barrio (primera parte)


Un relato de Bia Namaran.


Llamé a Astrid, y no me resultó extraño que saltase su buzón de voz. Le dejé un mensaje:
- Astrid, soy Phonix. Llámame en cuanto te sea posible.

Habían pasado casi dos horas cuando me devolvió la llamada. Le dije:
- Vas a venir Madrid esta semana, lo he visto en la agenda de prensa...
- Sí, parto esta misma noche. Antes me acercaré a La Rochelle...
- ¿Me acerco a Madrid y te recojo? Tengo una grabación de un vídeo en León, así te enseño mi antiguo barrio.
- Me encantaría...
- ¡Guay!
- Pero puedo ir yo a León directamente desde Madrid, ¿para qué vas a bajar?
- Porque así te llevo a mi lado durante el trayecto.
- ¿Con ese destartalado MM Mzero-x?
- Le he puesto ruedas nuevas...
- ¡Menudo cambio! Me vas a obligar a pedir que dejen de fabricarlo solo para impedirte que encuentres piezas de repuesto.

Me eché a reír:
- ¡No! ¡No harías eso...! ¿Verdad?
- No me tientes.




Esperé con ansia el momento de encontrarme con ella, y decidí viajar dos días antes a Madrid para no tener que hacer el viaje de ida y vuelta seguido, aunque conducir el Mzero-x no me importaba. De hecho me encantaba.

Mientras escuchaba las noticias de Radio Ibérica, me acerqué a la convención médica donde Astrid estaría. Ella iba de visitante y, por lo tanto, solo los medios especializados deberían estar al corriente de su presencia. Pero era Astrid Sjoberg, y eso hacía que levantase gran expectación. Yo la conocía, y seguramente ella estaría en un rincón, sola, apartada, protegida por guardaespaldas y aislada, de manera que decidí esperar a que terminasen las jornadas y, a última hora, entré en la cafetería del hotel en el que se celebraba la convención.

Por fortuna yo no era tan famoso entre los doctores como entre los hippies, así que pasé relativamente desapercibido. Tal como suponía, allí estaba Astrid en una esquina, sola en una mesa de la cafetería, entre un montón de documentación de las ponencias. Aunque había cientos de participantes que miraban hacia ella, nadie se le acercaba, y los pocos que lo intentaban debían pasar por el filtro de Inga, su jefa de seguridad. Un hueso duro de roer, una tipa que se había curtido en las guerras contra los carteles de la droga, bajo las siglas de la DEA, y que no permitía ni que una mosca molestase a Astrid. A mí me conocía de manera que en cuanto me vio no me hizo falta dar explicación alguna. Eso sí, ni tan siquiera me dirigió la palabra. No quería desviar su atención del trabajo ni mínimamente. Me senté frente a Astrid y me miró. Nos cogimos de la mano tras saludarnos, y aún tuve que esperar un rato para que se decidiera a salir de allí. Dejó los papeles sobre la mesa, ni siquiera los recogió: de eso se encargaría un miembro de su escolta, una guardaespaldas en este caso.

Subimos al coche y nos siguieron un par de MM Magnus, era lo habitual, así se viajaba con Astrid. Pero no me molestó, ya estaba acostumbrado. De hecho no tenía siquiera que preocuparme en que siguieran mi ritmo: de eso ya se encargarían ellos. Si podían. Pero antes de eso cargamos el equipaje de Astrid y se cambió de ropa en su habitación del hotel. Luego salimos de Madrid y tomamos la autopista hacia León.

- ¿Cómo van las ventas de "Revolution"?

"Revolution" era el nombre de mi disco.
- No lo sé. Es algo que nunca me importó, ¿crees que iba a importarme ahora?
- ¿Ni siquiera como curiosidad?
- No. Para qué iba a importarme, si conozco a la dueña del estudio y sé que seguiré grabando igualmente.

Hizo una mueca, mientras miraba a la ventanilla:
- La dueña del estudio se puede hartar si ve que no obtiene beneficio...

Señalé la pantalla del navegador del coche:
- Llama y pregunta, vamos. -Dudó. Insistí-. ¡Vamos, Astrid! Solo tienes que hacer una llamada para saberlo.

Se relajó en su asiento:
- ¡No!

Me eché a reír:
- ¡No quieres saberlo! ¿Ves? Pues igual que yo.

Hizo un gesto acomodándose la camisa rosa-claro que vestía, bajo el traje con pantalón ajustado, de ejecutiva, y toqué su colgante:
- ¡Te lo has puesto! -Sonreí, agradecido-. ¡Guay! ¡Qué alegría!

Se había puesto mi colgante de Phonix-ASSI.
- Sí. Sabía que te gustaría.

La miré:
- ¡Me has conmovido!


Sonrió, mirando el monótono paisaje.
- ¿Qué has aprendido en la convención? -Le pregunté, para conversar de algo.
- Depende, había diversas ponencias... Pero no se acude a esas convenciones para que aprendas gran cosa, es solo actualizar conocimientos. -Y añadió, mientras sintonizaba la radio por internet-. ¿Qué sencillo está sonando de tu disco ahora?
- ¿No lo sabes?
- No estoy al tanto de lo que se escucha en España...
- "Sin alma".
- ¿"Sin alma"? -Me repitió.
- "sin alma me has dejado / muerto y desolado..." - Tarareé. Me sorprendió que ella continuase:
- ...es tu voz como un puñal / y su sonido es metal...
- ...¡que se clava y rompe el mundo, me parte a la mitad! -Concluimos juntos esa parte del estribillo.

- ¡Te la sabes! -Dije sorprendido.
- ¡Pues claro! ¿Qué creías?

- ...A mi muro has derribado...
-... En cuanto me has mirado... -Me continuó.
- ...y has hecho todo añicos...
- ¡por eso te suplico! - Se echó a reír, me encantaba que sonriera, así que continué:
- ...o me alejas de tu vida...
- ...y muero de esa herida...
- ¡o vienes tú a rescatarme!...
- ...¡para nunca más dejarme!

- ¡¿De dónde sacas tanta rima, Phonix!? - Me preguntó, entre risas.
- De momentos como éste... - Respondí, serio. Ella me miró, musitando:
- Venga ya...
Sonreí:
- ¿Quieres comprobarlo? -Le propuse.
- A ver...
- Dime algo.- Le pedí.
- ¿Como qué?
- Una frase, lo que sea...
- Un molino restaurado...

Me eché a reír a carcajadas:
- ¡Esa es fácil! Todo rima con "ado"... Enamorado, ensimismado, cautivado...
- Espera, vale... -Me dijo, animada-. Esta es difícil.
- De acuerdo.
- Astrid Sjoberg...

Resoplé:
- ¡Buah! Eso sí es complicado... ¿Qué rima con Sjoberg?

Se encogió de hombros:
- ¡No me pidas ayuda! ¡Yo que sé! Tú me lo has pedido...
- Además, Sjoberg... Sjoberg puede ser cualquier cosa de tu familia...
- ¡Astrid, Phonix! ¡Astrid Sjoberg!
- Nada rima con astrid, ni con Sjoberg...
- En sueco sí...
- ¡Eso es trampa! -Grité.
- ¡Te he vencido! ¡Phonix no puede rimar! ¡Phonix no puede rimar!
- ¡Qué malvada eres!
- ¡Te he vencido! -Me repitió.
- Bueno... Es un orgullo saberse uno vencido por ti... - Reconocí.
- Sí, sí, disimula. Pero te he vencido.
- Vale, vale, ¿Qué quieres de premio?
- ¿Había premio? Si lo hubiera sabido te habría vencido antes...
- Claro que hay premio. -Dije-. Todos los vencedores se merecen un premio, aunque sea... Aunque sea por rimar.
- ¿Puedo pedir lo que sea?
- Claro.
- A ver, deja que lo piense.
- Tienes de tiempo hasta León.
- ¿Y cuanto nos queda? -Quiso saber.
- Poco más de veinte minutos, aproximadamente, supongo...

Cogió su smartphone, y miré hacia ella fingiendo malhumor:
- ¿Tienes que pedir ayuda para eso? ¿Necesitas ayuda en eso?
- Es la ayuda del comodín...
- ¡No había comodín!
- Ahora sí... -Y habló hacia su smartphone-. ¡Hola Etdrid! Le he ganado a Phonix en rimas...
- ¡Pero si ella no ha rimado nada! -Grité en español, porque ella hablaba en inglés-.
- ¡Ni caso! ¿Qué premio quieres que le pida? (...) ¡No, eso no!
- ¡Si ella dice que eso no, entonces eso sí! ¡Gracias Etdrid! -Grité.
- Ya... (...) A León... (...) Está en España. (...) No, no lo sabía, pero tampoco me parece demasiado extraño... (...) De acuerdo. No, en cuanto llegue voy a verte. (...) Yo también a ti, besos.
- ¿Te ha dicho el qué? -Quise saber.
- No.
- ¿Y qué te ha sugerido?
- No te gustaría.

Sonreí:
- No, entonces no me lo digas.
- No te lo diré. -Dijo, mientras estaba escribiendo en el smartphone sin parar.
- Deja eso, Astrid.
- Es solo un momento, es urgente.
- Ponlo fuera de línea porque sino no estarás en paz un segundo. - Le sugerí.
- Ya, ya voy, tranquilo. -Y añadió, graciosa- ¡Phonix el impaciente!

Me eché a reír:
- ¡Astrid diciendo una broma! ¡Pónganlo en titulares! ¡Astrid ha bromeado, sí, ella misma, en persona! ¡Increíble, señores!

Sonrió levemente, y musitó:
- No es para tanto...


Salimos de la autopista y pasamos por delante de una casa de dos plantas, con paredes desconchadas blancas, con un local debajo cuyos ventanales estaban ahora cubiertos con planchas de madera, muy envejecidas. La señalé:
- Ahí había un concesionario de TUNG... Era pequeño pero solían tener los autos con el capó abierto, para que se vieran los motores desde afuera... Muchas veces de la que salía del colegio pasaba por aquí y me quedaba viendo los coches, pegado al escaparate... Me encantaba el TUNG S21... Lo tenían en dos colores y había uno con adhesivos de rallies que era una pasada... Espectacular.

Seguí avanzando, conduciendo despacio el coche y mirando alrededor mientras me acercaba a la ciudad:
- Lo que no había en el barrio eran concesionarios de MM, esos estaban en el centro o en los barrios pijos...
- ¿Y por qué compraste un MM, al final?

La miré:
- Porque me gusta la dueña de la empresa... - Señalé una calle adyacente -. Allí sí había una tienda que me entusiasmaba, de electrónica, con el escaparate lleno de productos de Electrada... Había relojes calculadoras, televisores... En un lado de ese parque estaba una sala de videojuegos... Y más allá el instituto...

Nos adentramos en una pequeña manzana de bloques altos e iguales:
- Esto lo construyeron en los setenta... ¡Uhau, esta zona ha cambiado mucho...!

Unos niños salieron corriendo de un pequeño parque, señalando a los MM que nos seguían, mientras saltaban sobre unos bancos de piedra, gritando:
- ¡Eh, mirad! ¡MM Magnus Veredict!

Los viandantes miraban detrás de nosotros; sonreí:
- Ya están tus guardaespaldas llamando la atención...

Nos detuvimos en un semáforo de la calle con varios carriles, y llegaron unos moteros que se pararon también admirando los MM tras nosotros. Lo cierto es que aquellos imponentes automóviles llamaban mucho la atención, eran casi tan anchos como el carril de la carretera, y la versión Veredict, unas ediciones blindadas de fábrica, destinadas a altos ejecutivos, por lo que difícilmente pasaban desapercibidos, captando de inmediato todas las miradas. Uno de los moteros se detuvo esperando el semáforo junto a mi ventanilla. En su motocicleta PRIKK Elementum llevaba tras él a una chica. Me dijo, bajo el casco, señalando con su cabeza los dos MM Magnus:
- ¿Has visto lo que tienes detrás?
- Ya... - Respondí-. Seguro que están blindados.
- Eso es gente con pasta que no sabe qué hacer con el dinero, colega. - Opinó. Me fijé en su montura:
- Bonita moto, ¿qué es, la de seiscientos?
- ¡Setecientos cincuenta!
- ¡Qué pasada, colega! ¡Es preciosa!
- No veas la de tiempo que estuve ahorrando para ella...
- No me extraña. PRIKK fabrica muy buenas motos.
- Son los mejores. - Opinó, muy emocionado -. Ni una sola avería desde que la tengo. Ducati, BMW, Yamaha... ¡Una basura! Todos mis amigos que tienen de esas están deseando deshacerse de ellas desde que me vieron en esta preciosidad.
- Además han acertado con las líneas, es muy agresiva.
- Sí, y a la vez es muy ágil. Te mueves entre los autos como si fueras de plastilina. Es una de las motos más dóciles y fáciles de conducir de todas las que he tenido.

Su acompañante femenina tuvo que pararle:
- ¡Deja de hablar de motos, que está en verde!
- ¡Jajaja! ¡Es que si empiezo a hablar no paro! ¡Nos vemos!
- Hasta luego, colega. -Le dije, mientras se iban.

Mientras los veía alejarse, le comenté a Astrid:
- Qué moto más alucinante... Y acompañado de tu chica es lo más... -Miré a mi amiga- podríamos ir un día...

No me dejó terminar:
- ¡Ni lo sueñes!
- Bueno, da igual. Tampoco tengo moto.
- No será porque no puedas...
- La verdad es que la moto que siempre me gustó, la K-Subterra, ya no la fabrican. Cuando era chavalete era la moto que me entusiasmaba, me volvía loco por ella. Pero dejaron de fabricarla hace tiempo. Habrá alguna en el museo de PRIKK en Noruega, ¿verdad?
- Probablemente.
- Podríamos ir un día...
- ¡No me necesitas a mí para eso, Phonix!
- Ya... Sin ti no mola... - Musité. Y señalé entonces a una pequeña arboleda- ¡Mira, el parque de mi barrio! A este lo vi cuando lo hicieron, ¡buah, qué viejo está...!
- Normal, no habrán pasado años de eso...
Me eché a reír con su comentario. Decidió continuar:
- Aquí veía a muchos de los chavales tras salir del colegio... Venían aquí a esnifar, a fumar...

Me callé. Se produjo un silencio. Durante un rato no dije nada, hasta el punto que Astrid miró hacia mí, extrañada:
- ¿Qué ocurre?
- Nada, cielo... -Musité.

Los recuerdos se agolpaban en mi mente y me hacían revivir aquellos duros tiempos en los que, sin nada más que hacer, vagaba por la ciudad sin rumbo, escribiendo canciones, y soñando con una persona como Astrid. No pude evitar unas lágrimas cuando ella cogió mi mano y la apretó, consciente de que algo atormentaba mi mente. Le acaricié un dedo y a continuación aparqué junto a la acera, abrí la portezuela del auto y salí a la calle. Me di de bruces con el escaparate de una pequeña librería, que de adolescente me parecía inmensa. Astrid salió del coche y se acercó a mí, y me abrazó. Le susurré al oído:
- Gracias, cielo...
- ¿Estás bien? -Musitó.

Nos quedamos de pie, frente a la librería, durante un rato. Nadie podía ser capaz de entender el vendaval de emociones que me embargaba al estar allí, en mi barrio, con Astrid. Como siempre, los escoltas aparcaron sus autos cerca de nosotros y, como siempre también, enseguida comenzaron a atraer las miradas de la gente. Algunos les hacían fotos con sus smartphones, y otros empujaban por contemplarlos más de cerca. Cogí a Astrid de la mano para que se viniera conmigo, aunque me soltó de inmediato:
- ¡Ven! ¡Aquí a la vuelta de la esquina, hay unas galerías comerciales! Veníamos muchos sábados a pasar el día... A pasar el día viendo a la gente comprar, claro.

Doblamos la esquina y entramos en un amplísimo local de tres plantas, con escaleras mecánicas de acceso. Ahora pertenecía a la cadena de centros comerciales de Vesak. Pasamos por la sección de música, unas quinceañeras estaban haciéndose fotos emocionadas ante un enorme cartel a tamaño natural de su grupo musical favorito, The Rollers, otro gran logro de VAV Records. De hecho, el logo de VAV llenaba la sección de música. Me adentré en ella y enseguida se acercó a nosotros una dependienta:
- ¿Puedo ayudaros?
- ¿Phonix? -Pregunté.
- Phonix es solo online -y señaló una máquina para descarga de canciones- puede descargar sus canciones sueltas o su disco en una de esas máquinas.
- ¿No lo tenéis en formato físico?
- No.

Cogí una edición especial en vinilo de Pasos, un grupo de techno-rock también del sello VAV:
- O sea, los Pasos editan hasta en vinilo discos de coleccionistas, ¿y Phonix solo online?
- Solo online. -Recalcó la chica, con una sonrisa-. Pero puedes llevarte Sina Rena, es un cantautor también de VAV bastante parecido...

Sina Rena... Me acomodé mi gorro de tela:
- Muchas gracias. - Dije.

Me encaminé hacia la salida:
- ¡Phonix está acabado, Astrid! ¡Ya nadie lo quiere! -Dije. Mi amiga sonrió sutilmente:
- ¡Totalmente!

Fue cuando escuché a mi lado preguntarle a la vendedora una chica muy atractiva, con larga melena negra y pantalones tejanos ajustados, que estaba acompañada de unas amigas:
- ¿Dónde tenéis a Phonix?

La vendedora repitió:
- Sólo online. Lo siento.
- Ya, en ese formato ya lo tengo, quería una edición para llevar...
Seguimos caminando y un chico que estaba en la sección de instrumentos musicales, mirando las guitarras, se acercó a una cajera:
- ¿Tendréis a Phonix?
- No, Phonix no hay, solo online.
- ¿En edición coleccionista tampoco? -Insistió el muchacho.
- No, solo en formato digital para descargar. -Explicó la dependienta.

Entonces se produjo un murmullo y en la pantalla gigante donde se reproducían vídeos de música, apareció uno de Phonix. Recordé muy bien cuándo lo había grabado, cuatro meses atrás, en Berlin. Caminaba por Kurfürstendamm con una guitarra y decía:

"Entre los poros de mi piel está tu aroma capturado,
y en mi mano cerrada un mechón de tu pelo he guardado...

Las cuerdas de mi guitarra son remordimientos...
que conservan tus momentos,

y al tocarlas, al rasgarlas, de ella se escapan...".

En ese momento los que estaban mirando el vídeo gritaron al unísono:

"¡¡Mil, mil cien, millones de lamentos!!"

Astrid se quedó boquiabierta, y ya había pocas cosas que la asombrasen:
- ¡Joder!

La cogí del codo hacia la salida:
- Sí, eso dicen que es el éxito...

Entonces ella sacó de su bolso su smartphone. Creía que iba a coger alguna llamada, y le dije:
- ¿No lo tenías fuera de línea?

Pero fue ella quien buscó en la agenda:
- Hola Kajsa, pásame con Ryan Williams de VAV... (...) Soy astrid, intenta averiguar por qué no hay discos físicos de Phonix en las tiendas... (...) No, y lo he comprobado yo misma. (...). Soluciónalo, y quiero una edición coleccionista de un recopilatorio de sus tres discos. (...) Envíame un correo. Adiós.

Cuando colgó, le pregunté:
- ¿No deberías preguntarle al propio Phonix si le apetece una edición coleccionista?
- ¡Me importa un bledo lo que piense Phonix! Tengo sus derechos. -Respondió. Sonreí:
- Vale, en ese caso...


Nos acercamos a la sección de electrónica, y miré entre las estanterías los blísteres de relojes Electrada. Algunos niños estaban eligiendo modelos, dando saltos con el blíster del reloj entre las manos. Uno de ellos casi se da de bruces contra Astrid, que lo esquivó, acariciándole por la nuca. Su madre le decía:
- ¡Deja de mirar el reloj y presta atención por dónde vas!

El chiquillo, que no debía tener más de ocho o nueve años, correteó hacia su madre:
- Quiero éste, ¡éste es el de juegos de aviones!

Cogí algunos blísteres:
- ¿Hace tiempo que no miras tus propios productos en las góndolas de venta?
- ¿Crees que tengo tiempo para perderlo en estas tonterías? - Me respondió a su vez.

Señalé al niño, que daba saltos de alegría mirando el reloj, mientras se iba de la mano de su madre:
- ¿Crees que eso es tontería?
- Para eso Electrada dispone de un departamento comercial. ¿Por qué me preguntas esas tonterías a mí?
- No sé si ellos se fijarán en estas cosas. -Miré hacia Astrid-. Te lo pregunto a ti porque... Es más suculento vender relojes Eternium a cinco mil euros, ¿eh? - Y añadí - ¿Crees que ese niño disfrutaría más con un Eternium?
- ¡No me des lecciones baratas de moral, Phonix!

En ese instante, se escuchó por la megafonía del centro comercial:
- "Queridos clientes, ya tienen en exposición en la planta cero el nuevo MM Mbeta Rally 4, inspirado en el modelo ganador del mundial de rallies. Pueden verlo en vivo en la planta cero. Recuerden: planta cero. Allí también podrán informarse de interesantes condiciones de financiación para el MM Mbeta Rally 4".
- ¡El Rally 4! ¡Vamos a verlo! -Le pedí a Astrid.

Nos dirigimos hacia las escaleras mecánicas para descender de planta, y vi cómo muchos maridos abandonaban a sus esposas para acercarse a verlo mientras ellas hacían la compra, y muchas parejas se iban hacia allí también. Pronto se formó un enorme embudo en el acceso de las escaleras.

Al salir de las mismas, un par de azafatas repartían folletos del Rally 4. Yo cogí uno, mientras seguíamos al tropel de gente hacia la zona de MM. Alrededor del modelo, colocado en una pequeña plataforma elevada circular, se apelotonaban visitantes sacándole fotos y señalando detalles del auto.
- Bonitas calcas... - Comenté.
- No creo que en MM le pusieran calcas... - Dijo Astrid. Miré a mi amiga:
- ¿Es pintado?

Tras el MM Mbeta Rally 4, en pantalla gigante, apareció un vídeo promocional:
"MM Mbeta Rally 4, la última expresión en compactos GT".

Temí que reconocieran a Astrid y nos mantuvimos a prudente distancia del barullo de gente. Si reconocían allí a la mismísima dueña del ASSI Group la que se podría organizar sería de órdago aunque, por fortuna, aún resultando familiar pocos se creerían que fuera ella en persona. Conmigo no había problema, mi gorro y mis ropas disimulaban muy bien mi identidad. Y, además, no era tan famoso. O eso esperaba.

Un grupo de señoras permanecían también apartadas, en espera a que sus maridos terminasen de contemplar el auto. Una de ellas decía a su amiga, que estaba a su lado:
- ¡Se vuelven locos por ese auto!

Su amiga le respondía, con la misma desgana:
- ¡Y son tan caros, hija!
- ¡No solo eso! -Le decía su interlocutora- sino que aunque tengas el dinero, luego hay que esperar una barbaridad a que te lo entreguen.
- Para eso mejor un TUNG -intervino otra compañera-. Mira, mi hijo el mayor compró un TUNG Metazeta, más barato que los MM Mzero, y a la semana ya se lo habían traído, en el color que había escogido y todo.

La que había hablado primero comentó:
- Yo no le doy dinero a esa Astrid... Es tan mala... ¡Es mejor su hermana!
- Sí, pero mira qué autos fabrican esos de MM... -Intervino otra de ellas-. Son irrompibles, lo bueno se paga.


Astrid dio media vuelta hacia las escaleras, y la seguí. Estaba acostumbrada a ese tipo de comentarios, de manera que no me preocupé por ello, de hecho creo que hasta no le desagradaban. No le importaba que la gente prefiriese a su hermana, incluso lo agradecía. Eso sí, la cogí cariñosamente por el hombro:
- ¡Yo te prefiero a ti! -Le dije.
- ¡No te voy a regalar un Rally 4 por eso! -Me dijo. Me eché a reír:
- Prefiero el mío.
- ¿El destartalado?
- No está destartalado...
- Sí lo está.
- Está a mi gusto, arañado, con partes sin pintar, abollado... Como mi piel. Es un reflejo de mí.
- Sí, tu misma imagen. No te fastidia...
- ¡Jajajaja! Para guapa y hermosa ya lo eres tú, tengo belleza bastante solo con mirarte.

No respondió. No le impresionaban mis halagos. No le impresionaban los halagos de nadie. Así era Astrid.

En la sección de deportes el personal de seguridad comenzaba a tomar posiciones. En unos minutos un famoso futbolista firmaría allí camisetas del Real Sportive de León, otra técnica de ventas que propiciaba que el club deportivo propiedad de Astrid Sjoberg incrementase sus beneficios. Salvado de la bancarrota in extremis por el Grupo ASSI cuatro temporadas atrás, ahora el club leonés pugnaba por la Liga codo a codo con el Fútbol Club Barcelona. Una gesta que había hecho a toda la comarca de León soñar. Bajo un enorme cartel de los jugadores celebrando el ascenso, sobre el que destacaba el escudo del equipo, se podía ver debajo en letras itálicas: "A ASSI Group company". Para que nadie lo olvidara.

Una larguísima fila de aficionados, muchos vestidos con las camisetas del equipo, esperaban la llegada del jugador. Inga se acercó rauda a nosotros y nos empujó hacia otro pasillo:
- Mejor no pasemos por ahí, señorita. -Le pidió a Astrid.

Yo hubiera pasado, pero me preocupaba más la seguridad de Astrid, por lo que no pasé. Y mi amiga empezaba a hartarse:
- ¿Ya terminaste de ver recuerdos de tu antiguo barrio?
- ¡Sí, tranquila! -Respondí, yéndome hacia la salida. Allí, unos vigilantes le ordenaban a un harapiento que dejase de mendigar por los accesos al centro comercial, y le señalaban una iglesia cercana. Cogí de mi bolsillo un sobre y caminé hacia él. Astrid no me siguió, me esperó y, tras entregárselo al mendigo y volver a su lado, dijo:
- ¡Oh, Phonix, siempre generoso! Lástima que no des de tu dinero...
- Bueno... Eso es porque técnicamente estoy más pobre que él...
- Nadie lo diría, viendo tu carrera musical. -Me dijo, mientras entrábamos en mi coche. Por fortuna, los MM Magnus de los guardaespaldas captaban toda la atención, y la gente no se fijaba en nosotros.
- Pues no tengo ni trabajo. -Comenté, poniendo el marcha el motor.
- ¿Y de dónde sacas el dinero para el combustible de éste auto?
- Creo... Por ahí debe haber una tarjeta de cliente preferente en gasolineras de Phospher que una guapa chica de mechas rojas me dio un día... -Respondí, sonriendo.

Mirando su smartphone, me dijo:
- Tendría que...
La corté:
- Creía que habías reservado esta tarde para pasarla conmigo en León...
- Eso no me inhibe de mis obligaciones...
- Cuando lleguemos al hotel haces lo que quieras con el móvil. -Me miró. Supliqué: - Por favor.
- Espero que con ésto te quedes contento durante una buena temporada...

Le toqué cariñosamente la rodilla:
- Te lo recompensaré. Te dedicaré otro disco. Te haré otro colgante.

Sonrió:
- ¿Crees que es suficiente?
- Te regalaré este auto.
- ¡Tengo MM de sobra!
- ¡Pero no como este, personalizado!
- Querrás decir... slet... sönder... ¿Cómo se dice en español?
- ¿Sönders?
- Sí.
- Creo que podría ser "despedazado".
- ¿"Despeda..."? Creo que necesitáis más sinónimos. -Resolvió.

Llegamos a los bajos del Sportive Arena. En los aparcamientos había unidades móviles de VAV Records, y una amplia zona vallada con accesos protegidos por vigilantes de seguridad de NACOP. Miré a Astrid:
- ¿Tus guardaespaldas tienen identificaciones de NACOP, verdad?
- Deberían.
- Vale.

Un vigilante de seguridad se acercó a mi ventanilla con cara de pocos amigos:
- ¡No se puede pasar! ¡Dé la vuelta!
- ¿Por qué está cerrado el acceso?
- No es de su interés. ¡Dé la vuelta!
- Mire hacia atrás -Le pedí-. ¿Ve esos autos detrás de nosotros? Dígaselo a ellos.

Se acercó al primero de los MM Magnus Veredict de los guardaespaldas, y al poco regresó corriendo para abrirnos paso. Me quité el gorro y dejé mi pelo suelto, tras desabrocharme el cinturón de seguridad. Astrid ya estaba fuera. Dentro había más personal de seguridad, saludé a algunos miembros del equipo que reconocí, ya habíamos trabajado juntos. Ronald, mi mánager, se fue hacia Astrid nada más saludarme. Reconocí enseguida, al lado del director artístico, a la modelo del momento, la imagen de la campaña publicitaria de Bazbes y una de las figuras de La Negra, Giorgia Tiscale. Era la primera vez que yo trabajaría con Jeromy deBoer, el director artístico de muchas de las estrellas de VAV y uno de los más afamados cineastas. Miré a Ronald:
- ¿Qué es esto, colega?
- ¿¡Qué!? -Respondió mi mánager, sin entender.
- ¡Ronald, no me jodas! ¡Has contratado a Giorgia y a Jeremy para un puto vídeo de mi ciudad! ¡Solo te falta traer aquí a medio Hollywood!

Me cabreaba muchas veces, pero cuando lo hacía me cabreaba de verdad. Astrid miró a Ronald:
- ¿Qué ocurre?
- Quiere que sus vídeos los hagan aprendices.
- ¡No! -aclaré-. ¡Quiero que en mis vídeos se les dé una oportunidad a los que están empezando! ¡Contrata a estudiantes de arte, a gente que se esté abriendo camino, ¡pero no contrates a dos mierdas de superestrellas, joder!! ¡¡Mierda!! -Dije, dando vueltas sobre mí mismo. Ronald replicó:
- ¡Phonix, creía que un videoclip tan importante como el de tu barrio debería estar muy cuidado y ser un trabajo para auténticos virtuosos!
- ¡No me fastidies! ¡Como si los anteriores fueran una puta mierda, ¿no?! ¿Los otros vídeos que hice qué fueron? ¿De broma?
- ¡No he dicho eso! -Bramó Ronald. Nos callamos, porque Giorgia y Jeremy se acercaban. La top model me sacaba casi dos cabezas de altura. Se asombraron de encontrarse con la mismísima Astrid Sjoberg allí, lo que les dio a entender que ese vídeo debía de ser muy importante. Jeremy empezó a escenificar los planos, y señaló hacia una motocicleta K-Motraurban aparcada a cierta distancia:
- Rodaremos exteriores aprovechando la luz de la tarde, con ella tras de ti en la moto -me indicó- y pasas por los barrios de...
- ¡Espera, espera! -Le corté- ¡Yo no salgo con chicas en mis vídeos!

Jeremy se quedó traspuesto:
- ¿No sales con chicas?
Miré a Ronald:
- Deberías habérselo dicho...
- Yo...

Jeremy cortó a Ronald:
- Me da igual que salgas o no, Phonix, yo soy el director artístico, y si digo que salgas, sales.
- ¿Qué hay eso de la psicología y de hacerles sentir cómodos a los artistas? -Pregunté.
- A estas alturas de mi carrero estoy por encima de eso. No llegué donde estoy por atender caprichos. -Respondió, tajante.

Entonces caminé hacia Astrid, que nos miraba seria y cruzada de brazos, a prudente distancia:
- Traje mi propia chica. -Dije.

Astrid dio un paso atrás:
- ¡Oh, no, no, no! ¡Ni lo sueñes! ¡Yo sí que no salgo en videoclips!

Así que le pasé la pelota a Jeremy:
- O ella, o ninguna. Puedes usar a Giorgia para otros planos, me da lo mismo, pero no sé qué pinta una top-model en un videoclip de barrio...
- ¿Y qué pinta una magnate? - Dijo Jeremy.
- Ella es mi influencia y mi rescate.
- Me voy, chicos, discutidlo vosotros. -Dijo Astrid. Georgia también dio media vuelta:
- ¡No he volado desde Milán para esto! ¡Yo también me voy!
- ¿¡A dónde!? - Gritó Jeremy.
- ¡A mi hotel! -Respondió la chica, seguida de su agente. Jeremy correteó hacia ella. Ronald me gritó:
- ¿¡Ves lo que has hecho!? ¿¡Sabes el dinero que hay en ésto invertido!? ¿Sabes cuánto nos cuestan esos profesionales por minuto?
- Yo no te lo pedí. Prefiero un vídeo casero.
- ¡Eres tan caprichoso como todos los artistas, Phonix! Solo que tú, peor.


Me fui hacia la moto, y me subí en ella. Unos técnicos ajustaron las mini-cámaras puestas sobre la PRIKK K-Motraurban. Miré a Rudy, el ayudante de dirección. Ya había hecho otros vídeos conmigo:
- ¿Podrás llevar la dirección del vídeo? ¿Te atreves?
- ¿¡Lo dices en serio!? -Me respondió, boquiabierto, casi dando saltos de alegría.
- Sí. ¿Te animas?
- ¡Claro! ¡Claro, Phonix!
- Salgo y te indico cuando empiezas a grabar.
- Te voy dando la letra y las pautas delante.
- De acuerdo.

Puse la moto en marcha y salí de allí. En el aparcamiento, Jeremy se metía en un auto con Giorgia. Astrid hablaba por teléfono cerca de sus escoltas. Me acerqué:
- ¡Sube!
- ¡Ni lo sueñes! -Respondió, ignorándome.
- Necesito una chica...
- ¡Tienes a Giorgia!- Me dijo, colgando la llamada.
- ¿Quieres ver a Giorgia en moto conmigo cuando salga el videoclip al compás de la canción?
- ¡Lo que no quiero ver es a la presidenta de ASSI en un videoclip de uno de sus cantantes!

Sonreí, y cogí el casco que estaba anclado en la parte trasera de la moto:
- Tranquila, llevarás ésto.

Dudó. Susurre:
- Vamos, porfa. Estás aquí, quién sabe cuando podré volver a tener la oportunidad de grabar contigo y llevarte en moto... Sube, Astrid...

Me miró firmemente, pero cogió el casco y se lo puso. Sonreí. El guardaespaldas corrió al coche, y Rudy gritó por el altavoz:
- ¡Chicos, allá vamos, atentos!

Dos policías municipales nos abrieron paso, y salí tras ellos. Me interné en un barrio del extrarradio, e hice una señal al coche de delante, dándome paso Rudy. Y susurré, cantando:

"es demasiado tarde
este día está pasando,

solo sé, solo sé, que al tocarte arde
algo en mí se va quemando,

solo sé, solo sé, que podría contemplarte
y una eternidad estar a tu rostro mirando,

solo sé
que aquí
he vivido sin red
pero siempre imaginando,

que en un futuro,
alguna vez,
¡tus labios me estarían por fin,
por fin,
¡por fin besando...!!".

Seguimos el trazado establecido y, tras concluir, me coloqué el casco y abrí gas. Astrid chilló:
- ¡Eh!
- ¿Sabes qué es lo bueno de ser una estrella del rock? ¡Que cuando te cansas puedes hacer esto y salir del trabajo!
- ¡No llevo teléfono!
- ¡Yo tampoco! - Respondí, entre risas.
- ¿¡Pero qué haces!?
- ¡Raptar a la chica de mis sueños!

"Te llevaré..
oh, oh, oh,

donde pueda ver contigo amanecer...

Te pintaré...
oh, oh, oh,

con mis dedos corazones por doquier...

¡Tengo el poder, tengo el poder,
puedo hacer lo que quiera si vas conmigo!

¡Tengo el poder, tengo el poder,
nada puede amenazarte, yo soy tu abrigo!

Y con un rastro de fe
puedo luchar sin temer,

que ocurra lo que ocurra encuentro cobijo".

- ¡No te voy a perdonar esto! -Gritó astrid.

| Redacción: © Bia Namaran

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