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9.8.20

Cartas de colores de esmalte para uñas, en español


No hay una carta de colores completa y que esté en español, dedicada a los esmaltes de uñas. La mayoría de estos tonos se catalogan por colores, según su fabricante, o por leyendas "evocadoras" ("noche romántica", "fuegos artificiales", etc.) que sugieran el tono, pero nada más. Es algo muy importante si habitualmente tocas personajes femeninos, porque en las descripciones uno acaba cansado de ver siempre aquello de: "tenía las uñas en color rojo", "lleva unas uñas largas en color rojo", y menciones similares que acaban "agotando" muy pronto a los personajes, aunque les des una personalidad y carácter muy definido.

Como el mundo de la estética es tan amplio, podemos aprovecharlo para reforzar esa personalidad y, de paso, darle un poco de aire fresco al relato que estés escribiendo, sobre todo si éste es muy extenso y está un poco sobrecargado de interacciones con personas. Como es fácil darse cuenta, siempre es más agradable y entretenido leer: "tenía sus uñas a la francesa de un tono lima verde luminoso", e incluso ir más allá: "tenía unas bellísimas uñas a la francesa de un tono lima verde luminoso, era el 'in the key of lime' de una de las más lujosas marcas de moda" Como puedes comprobar, la descripción cobra una riqueza y un impacto "literario-visual" muy diferente que si usas el ya tan manido "sus uñas iban pintadas a la moda de color rosa". De hecho, si comparamos uno con otro esta última descripción casi da risa, lo que nos da una idea de hasta qué punto podemos profundizar en los personajes, reforzarlos, y con ello agradar más a nuestros lectores.

25.1.18

Magnetismo teal


No sé por qué me gusta tanto el color teal, supongo que es por mi afición a los colores y, entre ellos, a los que tienen una sutil impregnación grisácea, como si fuera una nebulosa sobre un cielo claro o brillante, como el bermellón o rojo carmín.

Por fortuna no soy mujer, y digo "por fortuna" porque de serlo probablemente me arruinaría y tendría un serio problema con toda la gran cantidad de opciones que tienen las chicas para sombras, tintes, carmines y esmaltes de uñas. Teniendo en cuenta que un esmalte de uñas de una marca medianamente decente tiene un precio que gira en torno a los 5 €, imaginaros mi pesadilla.

12.8.17

Negritas en colores en los blogs


Seguramente que muchos de los que me leéis en alguno de los blogs en los que suelo publicar posts, habréis notado desde hace un tiempo que me he ido acostumbrando a escribir muchas veces las negritas en colores. El uso de las negritas es una práctica que viene desde muy antiguo en los blogs, y normalmente en las hojas de estilo de la mayoría de redes de blogs, y muchas publicaciones periodísticas, suele incluirse obligatoriamente. Es decir: obligan al redactor o editor a poner partes en negrita. La razón es llamar la atención sobre una parte del texto y, como se supone que todo el mundo anda muy deprisa, de paso destacar aquéllo importante por si no queremos leer el post al completo.

Lo que ocurre es que, con el paso de los años, esto fue derivando en ciertas prácticas un tanto desviadas, tergiversando la intención inicial de este estilo. Por ejemplo, usando las negritas para destacar ciertas marcas, para la indexación de partes de texto por robots (se utilizaba por algunos robots para analizar de qué trataba el post), o para tratar de enganchar artificialmente al lector con frases o palabras llamativas, aunque luego al final de la lectura el mencionado visitante se diera cuenta de que había perdido el tiempo y que el artículo no era nada -o casi nada- de lo que parecía.

19.10.16

Color teal


Un relato de Bia Namaran.


Supongo que hay cosas con las que naces y que te acaban irremediablemente marcando, o a las que una parece estar predestinada. Puede ser una enfermedad, una familia, una herencia, un defecto, una cualidad, un apellido... O, como en mi caso: un nombre. Me encanta mi nombre, siempre me gustó muchísimo. Mis padres me pusieron Ingrid, un antiquísimo nombre nórdico. Y mi apellido es Suárez, de manera que desde pequeña comencé a firmar como "Ingrid S.". Añadía mi "ese" al final porque así sonaba como si pareciera firmar la misma Ingrid Sjoberg. Y es que Ingrid Sjoberg pronto empezó a apasionarme. En el colegio, mientras mis otras compañeras de clase llevaban pegatinas en sus carpetas, o fotos pegadas de sus artistas o cantantes favoritos, de sus grupos de música o de sus clubes deportivos, yo llevaba fotos de Ingrid Sjoberg. Mientras ellas ponían artistas y famosos de fondo en sus smartphones y tablets, yo ponía fondos de escritorio de fotos oficiales de Ingrid Sjoberg.

Hasta finales de la adolescencia no ocurrió nada reseñable, pero cuando llegué a la universidad mi consideración y mi afición por Ingrid Sjoberg se agudizó. Empecé a sentir pasión hacia un color: el teal, ese extraño color escapado de la gama del turquesa y que a Ingrid Sjoberg tanto le entusiasmaba. De manera que comencé a combinar el teal con todo lo que podía, principalmente con blancos y con negros, como hacía la gemela de las Sjoberg. Era normal verme en las tiendas de perfumería de la cadena Burgundy Star eligiendo una tonalidad de pintalabios, sombra de ojos y perfilador lo más cercana a la tonalidad teal que Sjoberg usaba. Comencé a peinarme como Ingrid Sjoberg, y aunque mi cabello es oscuro, decidí oscurecérmelo más y teñirlo en negro, como ella, y ponerme varias mechas teal en el pelo como tiene Sjoberg. Por desgracia el tinte teal de Ingrid Sjoberg no se comercializa (lo fabrican en Vex en ediciones especiales solo para ella), solo en alguna ocasión lo ponen a la venta, una o dos veces al año, para algunos fines específicos, por ejemplo solidarios. Así que ahorro durante el año esperando esos momentos para comprarlo, porque sus precios suelen ser altos y la lista de personas queriendo adquirirlo es inmensa. Muchos lo hacen para adquirirlo y luego revenderlo por Internet a precios prohibitivos. Confieso que en alguna ocasión caí en la tentación y, al no poder conseguirlo en la tienda oficial por haberse agotado las existencias, lo llegué a adquirir a ese tipo de revendedores. Algo que intentaba evitar, porque no quería alimentar ese mercado paralelo.