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16.10.18

Nuevo relato corto: "Abducciones"


Tras el éxito de "Resistencia", "El planeta de las tres lunas", y el número uno de Ciencia-Ficción en España y líder en ventas "Las playas de Venus", Bia Namaran continúa con la saga de las emperatrices-náreas con una nueva entrega en forma de relato corto. Se trata de una nueva visión del contacto alienígena cambiando con ello para siempre la vida de todos los pobladores del planeta Tierra..., y especialmente de uno.

En esta ocasión el contacto extraterrestre se produce con los rotren, la civilización robótica surgida de las cenizas de una extinta raza que se vio condenada por la fatalidad y sus propios logros, y cuya tecnología llenará las calles de las ciudades terrestres de pánico y terror. Pero eso no es todo: cuando lanzan sobre los asustados habitantes de la Tierra unos extraños artilugios de escaneo mental, los indefensos humanos sólo pueden elegir una opción: esconderse. Esconderse en los lugares más recónditos que puedan encontrar, o pasarán a ser una pieza más entre los planes para estudiar y conquistar mundos de los entes robóticos.

En "Abducciones" la experiencia ufológica pasa a otro nivel, un nivel en donde la inteligencia artificial y los sistemas computerizados superan cualquier capacidad conocida por el hombre hasta el momento. Ahora las máquinas tienen todo el control. Ahora ellas deciden.

Descarga gratuitamente "Abducciones" de Bia Namaran, desde aquí.

"No pueden asesinarme", de Bia Namaran


El detective Allen disfruta de su primer día de descanso en mucho tiempo, pero lejos está de sospechar que ese será el día más ajetreado de toda su vida. Un peligroso desarrollo militar está suelto por la ciudad destruyendo todo a su paso, nadie puede detenerle ni enfrentársele. Y Allen se encuentra de casualidad justo en medio de su camino.

Si te gustan los relatos de persecuciones, peligros y policiales, disfrutarás de esta aventura en donde desde la primera frase hasta la última no hay ni un solo momento de descanso. Acción y adrenalina en estado puro.

Descarga gratuitamente "No pueden asesinarme" de Bia Namaran, desde aquí.

23.4.18

Orange te trae 3 meses gratis de libros Kindle


Muy interesante la promoción de Orange que, para clientes de este operador, ofrece 3 meses de suscripción a Kindle Unlimited de forma gratuita. Para conseguir la suscripción, además, Orange facilita mucho las cosas: solo dando nuestros datos en la página de la promoción (aquí) -que consiste básicamente en dejar nuestro e-mail y número de móvil- nos incluirán entre los beneficiarios que, desde el 15 de mayo, recibirán instrucciones en su email para poder disfrutar de Kindle Unlimited.

Es importante señalar, no obstante, que para inscribirse en la promoción solo son válidas líneas de postpago (no valen prepago). Las personas que lo hayan solicitado, y tras recibir el regalo por e-mail, tendrán que registrarse en Amazon con un código especial antes del 31 de mayo de 2018.

Es un buen momento para aprovecharnos de la lectura de una buena cantidad de libros gratis, y si te das de alta, no olvides aprovechar también para descargar y leer mis relatos.

| Redacción: Bia-namaran.blogspot.com

24.2.18

"Las playas de Venus" en el top 100 de los libros más vendidos de Ciencia-Ficción


Estar en el puesto 12 entre los libros más leídos de Alienígenas en la categoría de Ciencia-Ficción de Amazon, no es nada fácil. Más aún cuando tienes que lidiar con libros de editoriales, y novelas de gran calado. Ocupar el puesto 99 y entrar en el "top 100" dentro de los libros de más venta en Ciencia-Ficción de todo Amazon, viendo que tu libro se codea con títulos literarios de fama y de autores como Brandon Sanderson, es enormemente satisfactorio y, por mi parte, inesperado. Más aún cuando tu libro, en realidad un relato corto, incluye elementos como relojes -Casio, por supuesto-, o historias que huyen de la típica guerra de guerrillas donde los humanos son los buenos y el resto, los malos. La introducción de Guti en su blog me parece magistral, y es mucho mejor de todo lo que yo pueda explicar.

No puedo decir que "Las playas de Venus" sea mi obra maestra, pero sí uno de los que más satisfecho me ha dejado, en el que, tras terminarlo, uno puede decirse a sí mismo que ha conseguido escribir y transmitir todo -o casi todo- tal como quería hacerlo.

24.12.17

La fábrica de juguetes


Un relato corto de Bia Namaran.


Hace ya bastante tiempo que no publico un relato corto, aunque bien es cierto que no he dejado de escribir, pero públicamente, y de distribución libre, llevo ya algunos meses sin ofrecer nada. Por eso he creído que esta es la ocasión perfecta, la Navidad, para regalaros algo de ese estilo, y he decidido hacerlo de esta forma: publicando un nuevo relato corto, que es al fin y al cabo una de las cosas en las que más tiempo invierto. Porque un zapatero regala zapatos, un carpintero regalará sillas, y un campesino, el fruto de la tierra, que no es más que el fruto de su trabajo. Lo mejor de sí que puede regalar un escritor, por lo tanto, es su esfuerzo literario.

En este caso en particular es una especie de "cuento de Navidad" parecido al que ya he publicado en pasadas temporadas, para que así entone en cierta forma con estas fechas, e incorpore elementos de esta época del año, como son en este caso los juguetes.

10.12.17

¿Cuantos correctores hacen falta para publicar un texto?


Mientras estaba en pleno proceso de corrección de Las Playas de Venus me surgió esa pregunta: "al final, ¿cuantos correctores acabo usando?". Quienes tienen la suerte y la fortuna de contar con correctores profesionales que trabajan específicamente para estas tediosas tareas, solo tienen que preocuparse en eso: en escribir. Pero cuando la edición y corrección depende, en gran medida al menos (o en su mayor parte) del autor, acudir a herramientas que ayuden en la tarea es primordial.

Más aún si, como es mi caso, no se utiliza el ordenador ni procesadores de textos que vayan corrigiendo las palabras mientras las vas escribiendo. Una gran parte de los textos los escribo en el móvil, por lo que es muy habitual que se incluyan palabras cortadas, letras repetidas, falten tildes, etc. etc., consecuencia de usar ese dispositivo.

Regala lo último de Bia Namaran


- Post patrocinado -

Cuando unas imponentes naves alienígenas aparecen en el Sistema Solar, el temor y el miedo se apodera y penetra en los corazones de toda la humanidad. Sin embargo, ignorando totalmente a la Tierra, los alienígenas se dirigen al planeta Venus y empiezan a establecer allí numerosos asentamientos y colonias a un ritmo frenético.

Los años transcurren hasta que la población terrestre llega casi a acostumbrarse a sus nuevos y exóticos vecinos. Mientras tanto, todo intento de contactar con ellos resulta infructuoso.

Pero entonces, un día unos extraños mensajes llegan a la Tierra trayendo consigo una aterradora advertencia que pondrá al género humano frente al mayor dilema de toda su historia.

Huir es imposible. Quedarse es morir.


"Las playas de Venus" en formato ebook y tapa blanda, ya disponible en Amazon. ¡Regálatelo!


30.1.17

La auténticamente humana


Nosotros somos humanos, pero no somos sapiens (o sapiens sapiens, eso aún es discutido entre la comunidad científica) puros. Nuestro genoma está formado por partes de neandertales, denisovanos, y una tercera especie aún sin identificar. Pero, de entre todas ellas, principalmente nuestra carga genética procede de neandertales debido a los constantes cruces entre humanos sapiens prehistóricos, y humanos neandertales, los cuales convivieron durante varios miles de años sobre el planeta, compartiendo hábitat y recursos con nosotros.

Tomando esta interesante realidad de nuestros ancestros, llevaba tiempo queriendo escribir un relato de ciencia ficción sobre este asunto. En concreto, ¿qué pasaría si en laboratorio alguien pudiera crear un ser cien por cien -o casi- con genética humana, discriminando todo el resto del bagaje de los cruces con sus ancestros?

25.1.17

Acorazado (Ironclad)


Un relato de Bia Namaran.


República de Chechenia, Federación Rusa. 2001.

Andrev presionó con fuerza, prácticamente dándole un pisotón, el acelerador. Era complicado conducir aquel pesado tanque de más de cuarenta y seis toneladas bajo aquéllas condiciones, con fuego desde todos los flancos, y en aquél terreno cenagoso.
La máquina de guerra chirriaba por todas partes y parecía querer resquebrajarse por mil sitios cada vez que daba un tumbo en el accidentado y abrupto terreno. Además, le estaba entrando por algún sitio agua embarrada, o algo parecido. Lo indudable es que alguna filtración tenía de un líquido color negruzco que empapaba sus botas y hacía terriblemente incómodo desenvolverse.
Su artillero dijo a voz en grito, levantando el tono de sus palabras para hacerse oír por encima del infernal ruido del motor. O intentándolo, al menos:
- ¿¡Quién decía que le encantaban los tanques!?
Andrev esbozó una sonrisa, que, en la semioscuridad en la que se encontraban, nadie apreció. A él, desde siempre, le habían entusiasmado los tanques. Esos imponentes monstruos de metal que no parecían detenerse ante nada, y que aterrorizaban a todo aquél que tuviese la osadía de interponerse en su camino. Había sido él quien lo había dicho.

8.1.17

Nunca abandones. Capítulos 9 y 10




Un relato de Bia Namaran.


Me senté en el sillón de piel tras el volante del lujoso Opel que el anónimo dueño de nuestro chalet tenía en la casa, y lloré. No sabía por qué, a veces sentía ese tipo de pesadumbre que me hacía caer mis ánimos al suelo. Había cambiado de vida, ya no era aquella prostituta ni la "sidosa" encarcelada, en esas situaciones sí tenía buenas razones para llorar. Y sí que derramé lágrimas. Pero ahora parecían que las cosas comenzaban a funcionar, me sentía feliz por la paz de la que ahora disfrutaba. Se debía ser alguien muy fuerte para hacer lo que nosotros habíamos hecho.

No quería que Kená me viera así, ¡con lo impasible que él era! Si pudiera remover sus sentimientos, atraerlo de la misma forma que él me atraía a mí...

7.1.17

Nunca abandones. Capítulo 8




Un relato de Bia Namaran.


Era nuestra primera "entrada en escena", y me sentía tan nerviosa que era incapaz de dejar de pensar en ello ni por unos instantes. Kená, por el contrario, parecía como siempre tranquilo, aunque tal vez fuera una de sus habituales poses en donde no dejaba aflorar nada al exterior. O tal vez realmente no le molestara la idea de la muerte lo más mínimo, aunque esto no podía creérmelo.

Por otro lado, tenía un pensamiento más que me atormentaba: mi enfermedad. Durante toda la tarde busqué la oportunidad propicia para decírselo, pero no la encontré. O mejor: no quise encontrarla. Temía su reacción, aún no le conocía muy bien y una cosa así podría dar al traste con todo, podía acabar con lo que habíamos empezado. Yo creía conocer a los hombres, pero Kená era completamente distinto. Los personajes habituales en mi vida ya habrían intentado seducirme, captar un beso fugaz al menos... Ese quizá no era el estilo de él, pero entonces, ¿qué estilo era? No sabía si todo era caparazón o autoprotección, pero al fin y al cabo era de carne y hueso, y tenía derecho, ya que resultaba mi amigo -mi único verdadero amigo, en aquellos momentos- a saberlo.

6.1.17

Nunca abandones. Capítulo 6




Un relato de Bia Namaran.


Sí, teníamos derecho, por supuesto. Pero no sabía hasta qué punto eso resultaría peligroso. La parsimonia de Kená me inquietaba, y a la vez me asombraba. Con él todo era de esperar, ¡hacía las cosas tan fáciles! Desconocía qué intrincados caminos de la vida le habían llevado hasta aquella situación, tal vez había sufrido duras experiencias que le llevaron a ponerse una máscara como un caparazón para proteger su personalidad. Aquella mañana lo encontré dormido sobre el suelo del gimnasio, ¡se había pasado toda la noche entrenando! ¿Tanto tiempo llevaba sin practicar sus katas, que una vez que tenía la oportunidad lo prefería a descansar?

Cuando yo me desperté, encontrándome de cara a la ventana y viendo desde mi cama las hojas de los quejigos batirse con el aire, no podía creérmelo. Me costó hacerme a la idea de que nada había sido un sueño.

5.1.17

Nunca abandones. Capítulo 5




Un relato de Bia Namaran.


- Bueno, no ha sido tanto.
- ¿No ha sido tanto? - Repitió la joven, sentada en un banco del parque, ahora bajo un cielo atezado-. ¡De la que me has librado!
- Sí, - admitió Kená, de pie ante ella-. Yo solo quería ayudar un poco, nada más.
- ¿Dónde has aprendido a moverte así?
- ¿El Hung Gar?
- ¿Así se llama?
- Sí... Es chino, ¿sabes?, los ojos rasgados y todo eso. -Kená imitó con sus dedos en su cara unos ojos orientales, mientras Saphir reía con ganas.

Al poco, se tornó seria:
- Tú y yo, si unimos nuestras fuerzas, podemos cambiar las cosas.
- ¿Qué quieres cambiar?
- Tú mismo lo has dicho: querías ayudar un poco. Pues sigamos con ello.
- ¿Con ello? ¿Con qué? -Preguntaba "el mudo", sin entender a dónde quería llegar su recién amiga.
- Verás... Cuando esta mañana salí de la cárcel, tenía en mi mente solo que la libertad me sirviera para algo útil. Los años encerrada te hacen pensar, y yo ya había decidido que, de acuerdo, no tenía a nadie, estaba sola, pero no volvería a ganarme la vida así. Y no sabía cómo, pero lucharía contra los que intentan que acabe en una celda de nuevo.
- ¿Qué es lo que tratas de decir? ¿Contra quién quieres luchar? ¿Contra los chulos, los delincuentes, los que roban para sobrevivir?
- No. Los políticos corruptos, los que emplean su dinero en formar equipos de fútbol, hacer grandes programas de televisión... Mientras la gente en su país se muere de hambre.

4.1.17

Nunca abandones. Capítulo 2




Un relato de Bia Namaran.


Sí, a mí me pareció tonto. Pero en aquel instante no llegué ni a sospechar lo mucho que "el mudo" influenciaría en mi vida. Tras su mirada serena y triste, tras sus ropas desgarradas por el uso, ni siquiera se podía percibir lo que encerraba en su interior. Hasta que le conocí nunca había oído una palabra que pasaría a convertirse en inseparable ya de mi vida, en parte de mi vocabulario común: Hung-Gar.

No tardamos mucho, Vicky y yo, en llegar hasta él. Algunas monedas seguían aún desperdigadas por el suelo, pero "el mudo" ni las miraba, solo había extendido su mano como un cuenco y refugio de nuevas limosnas.

3.1.17

Nunca abandones


Bia Namaran.


Cuando las puertas se cerraron tras de mí y me encontré de bruces ante la calle, sentí la misma sensación que cuando me anunciaron mi enfermedad. Lo único que deseaba entonces era morir fuera de la cárcel... Pero no morí. Solamente me ratificaron que tenía los anticuerpos del SIDA, como si fuera una noticia normal y cotidiana para ellos, pero no para mí.

Las celdas, la prisión, los muros, las rejas, los funcionarios... Se habían quedado ahora atrás. Experimentaba en mi interior que la sociedad me debía algo, o que alguien se estaba atiborrando de mi parte del pastel en la vida, o me habían robado mi oportunidad. O que alguien había torcido mi camino sin yo poder hacer nada para impedírselo.

26.12.16

El fantasma de la Navidad de Astrid Sjoberg


Un relato de Bia Namaran,
a partir de una adaptación del popular cuento de Charles Dickens.


En las oficinas centrales del ASSI Group, en Gotemburgo (Suecia), el ajetreo era constante. El enorme edificio, de moderno estilo, acristalado, albergaba la sede central del poderoso grupo multinacional de Astrid, la gemela de mechas rojas de las hermanas Sjoberg. A ella estaban destinadas las últimas plantas, de hecho el último piso lo utilizaba Astrid como vivienda en algunas épocas de intenso trabajo. Y las últimas semanas de diciembre eran, desde luego, de mucho estrés.

La enorme oficina de Astrid estaba presidida por un escritorio de estilo victoriano, hecho de roble. Aunque antes de acceder a ella había que transitar por un largo pasillo, al principio del cual estaba situado el despacho de Kajsa, la secretaria personal de Astrid.

25.12.16

Un paseo por tu antiguo barrio (segunda parte)


Un relato de Bia Namaran.


(continúa de "Un paseo por tu antiguo barrio").

Mientras conducía por la ronda exterior, la tarde se iba oscureciendo y el sol desaparecía tras los edificios, llenando el cielo con tonos ocres y anaranjados. Notaba tras de mí a Astrid, ceñida a mi cintura, y deseé que la gasolina no se acabase. Que la carretera no tuviera final. Que el día no concluyese.
Me detuve en un semáforo, y ella saltó de la moto. La agarré del antebrazo:
- ¡Sube! ¿¡Qué haces!?
- ¡Me largo! -Protestó. Los conductores empezaban a mirarnos.
- ¡Te van a atropellar! ¡Sube, Astrid!
- ¿¡A dónde quieres ir!?
- Vamos a tomar un café y te llevo de vuelta, ¿de acuerdo? Solo eso.
Se lo pensó, pero accedió. Volvió a subirse a la PRIKK K-Motraurban.
Le había dicho que iríamos a tomar un café... Pero no le dije dónde. Me adentré en la parte antigua de la ciudad, entre callejones oscuros, que empezaban a iluminarse por la tenue luz de las farolas. Tomé una salida hacia una plaza, y apagué el motor en el estacionamiento para motos. Astrid puso pie a tierra, entregándome el casco. Le di mi gorro para que se lo pusiera. Se recogió el pelo y se lo ajustó a la cabeza:
- ¡Qué guapa estás! Deberías ponerte un gorro más a menudo.
- Si supieras el cabreo que tengo no me dirigirías la palabra...

La cogí de la mano, que ella rechazó de inmediato, y le pedí:
- Ven, anda.
- ¿Conoces estos sitios? -Me preguntó, mientras miraba con nerviosismo hacia los callejones oscuros.
- Claro.
- No parece muy seguro...
- No te va a pasar nada. ¿Sabes por qué los multimillonarios tienen guardaespaldas?
- Para evitar ser molestados por tipos como tú. -Respondió rápidamente. Me eché a reír:
- ¡No! No temen que les hagan daño. Lo que temen de verdad es que les pidan algo. Por eso llevan escoltas y no quieren que se les acerque nadie a ellos... Príncipes, reyes, reinas, multimillonarios, magnates... Todos son iguales.

20.12.16

Un paseo por tu antiguo barrio (primera parte)


Un relato de Bia Namaran.


Llamé a Astrid, y no me resultó extraño que saltase su buzón de voz. Le dejé un mensaje:
- Astrid, soy Phonix. Llámame en cuanto te sea posible.

Habían pasado casi dos horas cuando me devolvió la llamada. Le dije:
- Vas a venir Madrid esta semana, lo he visto en la agenda de prensa...
- Sí, parto esta misma noche. Antes me acercaré a La Rochelle...
- ¿Me acerco a Madrid y te recojo? Tengo una grabación de un vídeo en León, así te enseño mi antiguo barrio.
- Me encantaría...
- ¡Guay!
- Pero puedo ir yo a León directamente desde Madrid, ¿para qué vas a bajar?
- Porque así te llevo a mi lado durante el trayecto.
- ¿Con ese destartalado MM Mzero-x?
- Le he puesto ruedas nuevas...
- ¡Menudo cambio! Me vas a obligar a pedir que dejen de fabricarlo solo para impedirte que encuentres piezas de repuesto.

Me eché a reír:
- ¡No! ¡No harías eso...! ¿Verdad?
- No me tientes.

17.12.16

"le Turbo"


Un relato de Bia Namaran.


Era diecinueve de julio. En algún lugar de la costa de Saint-Tropez, Ingrid Sjoberg se encontraba tendida en una tumbona de plástico en la playa, aprovechando unos breves días de descanso que había decidido tomarse. Tomaba el sol luciendo un seductor bikini teal, que realzaba magníficamente su hermosa figura femenina. A su lado estaba su secretaria personal y una de las personas de su máxima confianza, una chica pelirroja casi de su misma edad llamada Annelie.

Ingrid elevó de su rostro unos centímetros sus amplias gafas de sol, y alargó su brazo hacia uno de los guardaespaldas que estaban sentados a prudente distancia. A los ojos de cualquiera ellos pasarían fácilmente como unos turistas más, sin embargo eran los encargados de la protección de una de las mismísimas hermanas Sjoberg.

11.12.16

Yo soy una estrella del rock


Un relato de Bia Namaran.


Pasé por el pequeño parque y lo vi. Un señor de mediana edad, temblando, sentado en un banco de madera medio podrida, con la mirada perdida. Pasaba desapercibido para todo el mundo, no parecía existir para nadie. En su mirada estaba escrita la desesperación, y lo sabía muy bien porque yo había experimentado bastantes veces esa misma sensación en carne propia. Me acerqué y le pregunté qué le ocurría, mientras me sentaba a su lado. Me miró contrariado: que un extraño se interesase por él era algo nuevo. Le conté que yo había pasado muy malos momentos también, y al cuarto de hora de conversar, ya me estaba contando su tragedia: había tenido que hipotecar su casa para pagar una operación quirúrgica de su hijo, y ahora había perdido a su hijo y estaba a punto de quedarse sin casa.

No le pregunté si había acudido a los servicios sociales, o si alguien en su familia podía echarle una mano. Si estaba en esa situación era probablemente porque hasta ese punto ya lo había intentado todo. No era necesario preguntarle esas cosas. Además, yo no soy periodista.