
No se si es por mi aspecto grunge, o porque mi rostro inspire confianza (o compasión, a saber), lo cierto es que a veces se llegan a mí personas con las intenciones más insospechadas. Por supuesto, también policías pidiéndome el DNI, pero ese es otro cantar.
Esta misma mañana viví una situación de esas. Entraba yo a la parroquia para hablar con un sacerdote, cuando al no verle decidí esperar en los bancos, y aproveché para orar. He aquí que se acerca una señora, de unos sesenta y pico años (no más), y me pregunta si conocía a alguien que no tuviera dónde vivir, para ofrecerle su piso. Me quedé a cuadros, sin poder reaccionar, como cuando te preguntas: "¿realmente ésto me está ocurriendo a mí?". La primera reacción que sentí fue la de alzar mi mano y decirle: "¡yo, yo!". Pero me contuve, me dije: "espera, espera, no te dejes llevar por la emoción que ya tienes unos años como para creer en fantasías".