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25.12.17

A la mujer anónima que dejó un libro en el banco de un parque


Tú que aún crees que hay que alimentar el cuerpo, pero también el alma. Que has tenido un pensamiento, una nota sincera, unas palabras cariñosas por si alguien lo pasaba mal esta Nochebuena, se sentía sola, o simplemente estaba atosigada de las circunstancias y por los problemas. Tú que crees en las personas, y lo demuestras siguiendo esa buena costumbre cada vez más común -y no lo llamaré "moda"- de dejar comida pagada en una máquina expendedora, un café en un bar, un pequeño gesto y detalle para los que no tienen nada, o como en este caso, un libro en un banco cualquiera, de un parque cualquiera.

Tú, mujer anónima que con tu poética letra seguramente alegraste muchos corazones, gracias por tu gesto, y decirte, que no se si lo llegarás a saber, que ha sido un genial regalo, el único regalo que se llevó también, en su solitaria nochebuena, otra chica. Seguro que tú, al escribirlo, no pensaste en ella. Pero te aseguro que ella sí pensó en ti. Feliz Navidad, encantadora sembradora de esperanzas y sueños.

30.9.17

Hay que tener estómago a veces para escribir


A veces es muy duro ponerse a escribir de temas triviales, como si tal cosa. Cuando ves la realidad, y que parece que no le importa a nadie ni para nadie, se hace muy duro y a uno le surgen muchos interrogantes.

Os explicaré. Muchas veces, entrada la noche, regreso de una ermita que a veces suelo visitar, a las afueras. Hoy he hecho ese paseo lloviendo, y mientras caminaba me encuentro con escenas habituales que se suelen ver cada día: un hombre viviendo en un coche, en un aparcamiento. Un chico joven, que suele refugiarse en un cajero, con cartones, para pasar la noche. Un anciano, que salta la valla enrejada de un portal para dormir en un rincón rodeado de botellas de alcohol para olvidar sus problemas. Y una chica, con un saco de dormir, tosiendo acurrucada en las puertas de una iglesia, a esas horas, obviamente, ya cerrada.

11.1.17

Una obra de misericordia para comprar un milagro


No se si es por mi aspecto grunge, o porque mi rostro inspire confianza (o compasión, a saber), lo cierto es que a veces se llegan a mí personas con las intenciones más insospechadas. Por supuesto, también policías pidiéndome el DNI, pero ese es otro cantar.

Esta misma mañana viví una situación de esas. Entraba yo a la parroquia para hablar con un sacerdote, cuando al no verle decidí esperar en los bancos, y aproveché para orar. He aquí que se acerca una señora, de unos sesenta y pico años (no más), y me pregunta si conocía a alguien que no tuviera dónde vivir, para ofrecerle su piso. Me quedé a cuadros, sin poder reaccionar, como cuando te preguntas: "¿realmente ésto me está ocurriendo a mí?". La primera reacción que sentí fue la de alzar mi mano y decirle: "¡yo, yo!". Pero me contuve, me dije: "espera, espera, no te dejes llevar por la emoción que ya tienes unos años como para creer en fantasías".