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22.4.17

La mala educación de algunos conductores cuando te invitan a su coche


Una de las cosas que más rabia me da es cuando alguien viene a buscarme en coche, y tras quedar unas horas (o un día, o varios) antes, aparece con el asiento del copiloto lleno de "porquería": bolsas, libros, juguetes de los críos... De tal manera que, antes de sentarme, tiene (o tengo) que andar desocupándolo todo.

Probablemente la gente que hace eso lo hace sin darse cuenta, por supuesto, pero: ¿no saben que van a ir a buscarte, y que te vas a sentar ahí? ¿Por qué antes de salir, o de arrancar, no se ocupan en poner todos esos trastos en los asientos de atrás? No creo que les cueste nada y así cuando lleguen a tu lado, no tendrás que esperar delante con la portezuela abierta a que desocupen todo el asiento, con las consiguientes molestias no solo para ti, sino para ellos mismos que a veces tienen que aparcar en sitios complicados o con vehículos detrás.

21.3.17

Ya soy "oficialmente" pobre (o más que pobre...)


"Pobre" no es solamente una palabra, un término que a veces usamos bastante a la ligera para definir alguna condición o destino desacertado ("pobre televisor", "pobre auto",) sino, para muchas personas, es una agria realidad palpable y diaria. No se si muchos lo sabréis -supongo que sí, porque es bastante conocido- que, cuando estás a punto de "salirte" de la sociedad y convertirte en algo así como en un "paria", hay un reconocimiento oficial para tal condición. Se denomina Certificado de Riesgo de Exclusión Social. Un nombre larguísimo (y muy incómodo, la verdad) que aún así no refleja claramente todo lo que lleva detrás y lo que implica que te lo den. Aquí os muestro el mío.

Este certificado más o menos confirma que estás a punto de quedarte al margen de la sociedad, fuera de ella, con todas sus consecuencias.

11.1.17

Una obra de misericordia para comprar un milagro


No se si es por mi aspecto grunge, o porque mi rostro inspire confianza (o compasión, a saber), lo cierto es que a veces se llegan a mí personas con las intenciones más insospechadas. Por supuesto, también policías pidiéndome el DNI, pero ese es otro cantar.

Esta misma mañana viví una situación de esas. Entraba yo a la parroquia para hablar con un sacerdote, cuando al no verle decidí esperar en los bancos, y aproveché para orar. He aquí que se acerca una señora, de unos sesenta y pico años (no más), y me pregunta si conocía a alguien que no tuviera dónde vivir, para ofrecerle su piso. Me quedé a cuadros, sin poder reaccionar, como cuando te preguntas: "¿realmente ésto me está ocurriendo a mí?". La primera reacción que sentí fue la de alzar mi mano y decirle: "¡yo, yo!". Pero me contuve, me dije: "espera, espera, no te dejes llevar por la emoción que ya tienes unos años como para creer en fantasías".

23.10.16

Superhéroes de infancia


Cuando era pequeño uno de los superhéroes que triunfaba era Superman. En el colegio del pueblo todo el mundo se conocía, y cada uno de los alumnos tenían su especial carisma o habilidad en la que destacaba. Algunos cantaban bien, otros jugaban bien al fútbol o eran buenos en matemáticas. Yo era hábil diseñando (o todo lo que se podía con pocos años...) y mis compañeros solían hacer cola para que les dibujase su superhéroe. A mí me daba lástima cuando me pedían alguno y no podía hacérselo, porque en aquella época yo solo conocía a Superman.

Sin embargo pronto Spiderman comenzó a hacerse famoso (sobre todo gracias a una serie de dibujos animados), y pronto comenzó a ser mi superhéroe favorito por encima de Batmans, Capitanes América, y tantísimos otros que enseguida empezaron también a popularizarse (a la sombra del principal de todos, a mi entender: Superman).

13.10.16

La evolución de Isabella Valentina


Cuando era un chaval y me pasaba muchas tardes jugando en la sala de juegos del barrio, uno de mis videojuegos favoritos era Soulcalibur. Por aquel entonces entrenaba karate y podéis suponer que ese universo de katas y movimientos marciales de Soulcalibur me entusiasmaban, en especial las katas de Kilik (bo) y Maxi (nunchakus).

En este tipo de juegos, como es obvio la mayoría de los chicos que jugaban solían elegir a los personajes masculinos, sin embargo la mayoría de las veces yo no. Yo elegía a Isabella "Ivy" Valentine, o Isabella Valentina (o Isabel Valentina, si lo castellanizamos completamente, vaya). No era su vestuario que dejaba ver mucha carne lo que me entusiasmaba, ni sus generosas medidas de pecho (creo que era de los personajes más voluptuosos de la saga), sino su cabello blanco lo que captaba mi atención.

5.8.16

Aquél Renault amarillo


De pequeño no teníamos coche. A mi padre no le gustaban nada los automóviles (y aunque le gustasen la verdad es que tampoco nos lo podíamos permitir, pero bueno, eso es aparte), no quería oír hablar ni de bicis, ni de motos, ni por supuesto de coches. Yo, sin embargo, desde bien pequeño siempre he sentido una gran afición por el mundo del automovilismo, no es que sea un forofo de las carreras ni nada de eso, pero sí que me gusta estar informado de la actualidad y de lo que ocurre en el mundo del motor.

Recuerdo que, de pequeño, cogía las cajas de cerillas y las convertía en un coche. Los envases de los huevos eran autobuses (y los huecos los asientos... ), y cuando se iban de viaje mis padres lo que esperaba con más ansia era que llegaran con aquéllos pequeños coches de Guisval.

24.2.16

El testamento vital


Al contrario que en otros países, el Documento de Instrucciones Previas (popularmente conocido como "testamento vital") no es muy popular. Básicamente se trata de un documento vinculante y oficial en el que reflejas cómo quieres ser tratado en los últimos momentos de vida, en caso también de que no puedas hacer uso de tus facultades plenas (por ejemplo, si estás en coma) y también cómo tratar tu cuerpo una vez hayas muerto.

Hace unos meses que decidí hacerlo, y ya me han enviado el documento final de aprobación. No hay muchas personas jóvenes que hagan este testamento, la mayoría son personas ancianas, los jóvenes, por lo general, están despreocupados en cuestiones relacionadas con la muerte.

16.2.16

Economía de escala (o por qué las bombillas que fabricamos aquí se venden en China)


Tengo un amigo que posee un taller, en el cual se dedica a la construcción y montaje de diferentes elementos arquitectónicos para servir de decoración y utilería. Él siempre defiende los productos de origen español y a los proveedores españoles, e intenta adquirir las piezas que él no puede construir, así como las piezas accesorias, siempre en proveedores regionales y, de no ser posible, en proveedores nacionales. De esta forma intenta proteger no solamente el producto español, sino el trabajo hecho por mano nacional.

Pero hace unas semanas, mientras conversábamos me decía que estaba intentando encontrar unas piezas para uno de sus modelos que no encontraba por ningún sitio, y que él creía que quizá incluso ni se producirían cosas como la que buscaba. Me comentaba que estaba sopesando el producir esas piezas él mismo, aunque eso le fuese mucho más caro. Las piezas que él pensaba producir serían de aluminio y para ello tendría que adquirir grandes listones de ese metal. Luego, a otro proveedor, encargarle cortarlos a determinadas medidas y con determinadas formas, y hacer finalmente él mismo la terminación y el acabado.