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24.12.17

La fábrica de juguetes


Un relato corto de Bia Namaran.


Hace ya bastante tiempo que no publico un relato corto, aunque bien es cierto que no he dejado de escribir, pero públicamente, y de distribución libre, llevo ya algunos meses sin ofrecer nada. Por eso he creído que esta es la ocasión perfecta, la Navidad, para regalaros algo de ese estilo, y he decidido hacerlo de esta forma: publicando un nuevo relato corto, que es al fin y al cabo una de las cosas en las que más tiempo invierto. Porque un zapatero regala zapatos, un carpintero regalará sillas, y un campesino, el fruto de la tierra, que no es más que el fruto de su trabajo. Lo mejor de sí que puede regalar un escritor, por lo tanto, es su esfuerzo literario.

En este caso en particular es una especie de "cuento de Navidad" parecido al que ya he publicado en pasadas temporadas, para que así entone en cierta forma con estas fechas, e incorpore elementos de esta época del año, como son en este caso los juguetes.

20.5.17

Renomator: para que la tarea de renombrar archivos no sea tan pesada


Ésta es una de esas aplicaciones que no encuentro por ningún lado y que al final me veo obligado a hacer. Ya por su versión 2.0 (las imágenes corresponden a la versión 1.9), se trata de una aplicación portable, escrita en Lazarus (lo tenía un tanto abandonado y decidí "rescatarlo" para programarla con esa RAD) y cuya finalidad, ya lo veis, es la de evitarnos o, por lo menos, ayudarnos en la tediosa tarea cuando tenemos que renombrar varios archivos.

Me surgió la necesidad de hacerla porque tenía un buen puñado de libros descargados (casi cien o por ahí), con el mismo título pero de distintos tipos (con diferentes extensiones). Para ellos no servía las herramientas de automatización de cambio de nombre porque no quería cambiar el mismo nombre a todos, sino ir cambiándolos de tres en tres (o algunos de dos en dos, dependiendo de las variantes de extensión que tuvieran).

8.1.17

Nunca abandones. Capítulos 9 y 10




Un relato de Bia Namaran.


Me senté en el sillón de piel tras el volante del lujoso Opel que el anónimo dueño de nuestro chalet tenía en la casa, y lloré. No sabía por qué, a veces sentía ese tipo de pesadumbre que me hacía caer mis ánimos al suelo. Había cambiado de vida, ya no era aquella prostituta ni la "sidosa" encarcelada, en esas situaciones sí tenía buenas razones para llorar. Y sí que derramé lágrimas. Pero ahora parecían que las cosas comenzaban a funcionar, me sentía feliz por la paz de la que ahora disfrutaba. Se debía ser alguien muy fuerte para hacer lo que nosotros habíamos hecho.

No quería que Kená me viera así, ¡con lo impasible que él era! Si pudiera remover sus sentimientos, atraerlo de la misma forma que él me atraía a mí...

7.1.17

Nunca abandones. Capítulo 8




Un relato de Bia Namaran.


Era nuestra primera "entrada en escena", y me sentía tan nerviosa que era incapaz de dejar de pensar en ello ni por unos instantes. Kená, por el contrario, parecía como siempre tranquilo, aunque tal vez fuera una de sus habituales poses en donde no dejaba aflorar nada al exterior. O tal vez realmente no le molestara la idea de la muerte lo más mínimo, aunque esto no podía creérmelo.

Por otro lado, tenía un pensamiento más que me atormentaba: mi enfermedad. Durante toda la tarde busqué la oportunidad propicia para decírselo, pero no la encontré. O mejor: no quise encontrarla. Temía su reacción, aún no le conocía muy bien y una cosa así podría dar al traste con todo, podía acabar con lo que habíamos empezado. Yo creía conocer a los hombres, pero Kená era completamente distinto. Los personajes habituales en mi vida ya habrían intentado seducirme, captar un beso fugaz al menos... Ese quizá no era el estilo de él, pero entonces, ¿qué estilo era? No sabía si todo era caparazón o autoprotección, pero al fin y al cabo era de carne y hueso, y tenía derecho, ya que resultaba mi amigo -mi único verdadero amigo, en aquellos momentos- a saberlo.

6.1.17

Nunca abandones. Capítulo 6




Un relato de Bia Namaran.


Sí, teníamos derecho, por supuesto. Pero no sabía hasta qué punto eso resultaría peligroso. La parsimonia de Kená me inquietaba, y a la vez me asombraba. Con él todo era de esperar, ¡hacía las cosas tan fáciles! Desconocía qué intrincados caminos de la vida le habían llevado hasta aquella situación, tal vez había sufrido duras experiencias que le llevaron a ponerse una máscara como un caparazón para proteger su personalidad. Aquella mañana lo encontré dormido sobre el suelo del gimnasio, ¡se había pasado toda la noche entrenando! ¿Tanto tiempo llevaba sin practicar sus katas, que una vez que tenía la oportunidad lo prefería a descansar?

Cuando yo me desperté, encontrándome de cara a la ventana y viendo desde mi cama las hojas de los quejigos batirse con el aire, no podía creérmelo. Me costó hacerme a la idea de que nada había sido un sueño.

5.1.17

Nunca abandones. Capítulo 5




Un relato de Bia Namaran.


- Bueno, no ha sido tanto.
- ¿No ha sido tanto? - Repitió la joven, sentada en un banco del parque, ahora bajo un cielo atezado-. ¡De la que me has librado!
- Sí, - admitió Kená, de pie ante ella-. Yo solo quería ayudar un poco, nada más.
- ¿Dónde has aprendido a moverte así?
- ¿El Hung Gar?
- ¿Así se llama?
- Sí... Es chino, ¿sabes?, los ojos rasgados y todo eso. -Kená imitó con sus dedos en su cara unos ojos orientales, mientras Saphir reía con ganas.

Al poco, se tornó seria:
- Tú y yo, si unimos nuestras fuerzas, podemos cambiar las cosas.
- ¿Qué quieres cambiar?
- Tú mismo lo has dicho: querías ayudar un poco. Pues sigamos con ello.
- ¿Con ello? ¿Con qué? -Preguntaba "el mudo", sin entender a dónde quería llegar su recién amiga.
- Verás... Cuando esta mañana salí de la cárcel, tenía en mi mente solo que la libertad me sirviera para algo útil. Los años encerrada te hacen pensar, y yo ya había decidido que, de acuerdo, no tenía a nadie, estaba sola, pero no volvería a ganarme la vida así. Y no sabía cómo, pero lucharía contra los que intentan que acabe en una celda de nuevo.
- ¿Qué es lo que tratas de decir? ¿Contra quién quieres luchar? ¿Contra los chulos, los delincuentes, los que roban para sobrevivir?
- No. Los políticos corruptos, los que emplean su dinero en formar equipos de fútbol, hacer grandes programas de televisión... Mientras la gente en su país se muere de hambre.

4.1.17

Nunca abandones. Capítulo 2




Un relato de Bia Namaran.


Sí, a mí me pareció tonto. Pero en aquel instante no llegué ni a sospechar lo mucho que "el mudo" influenciaría en mi vida. Tras su mirada serena y triste, tras sus ropas desgarradas por el uso, ni siquiera se podía percibir lo que encerraba en su interior. Hasta que le conocí nunca había oído una palabra que pasaría a convertirse en inseparable ya de mi vida, en parte de mi vocabulario común: Hung-Gar.

No tardamos mucho, Vicky y yo, en llegar hasta él. Algunas monedas seguían aún desperdigadas por el suelo, pero "el mudo" ni las miraba, solo había extendido su mano como un cuenco y refugio de nuevas limosnas.

3.1.17

Nunca abandones


Bia Namaran.


Cuando las puertas se cerraron tras de mí y me encontré de bruces ante la calle, sentí la misma sensación que cuando me anunciaron mi enfermedad. Lo único que deseaba entonces era morir fuera de la cárcel... Pero no morí. Solamente me ratificaron que tenía los anticuerpos del SIDA, como si fuera una noticia normal y cotidiana para ellos, pero no para mí.

Las celdas, la prisión, los muros, las rejas, los funcionarios... Se habían quedado ahora atrás. Experimentaba en mi interior que la sociedad me debía algo, o que alguien se estaba atiborrando de mi parte del pastel en la vida, o me habían robado mi oportunidad. O que alguien había torcido mi camino sin yo poder hacer nada para impedírselo.